El presidente Javier Milei salió a las redes sociales apenas el Indec publicó el dato. «Retornando a la normalidad», escribió en mayúsculas, y agregó que la inflación «retoma el sendero decreciente» pese a lo que llamó «intentos golpistas de la política».
El ministro de Economía, Luis Caputo completó el festejo con otro argumento de peso: el 2,6 por ciento de abril fue la cifra más baja en cinco meses y, excluyendo 2020, la menor para ese mes desde que el Indec lleva registro sistemático a partir de 2017.
Los números nacionales, en efecto, dan sustento al optimismo oficial. La inflación de abril desaceleró casi un punto respecto al 3,4 por ciento de marzo, cortando una tendencia alcista que se extendía por diez meses consecutivos.
La inflación núcleo -el indicador que excluye precios regulados y estacionales, y que mejor refleja la dinámica estructural de los precios- bajó a 2,3 por ciento, su valor más bajo desde octubre.
Pero en el Nordeste argentino, la celebración tiene matices.
OTRA VEZ POR ENCIMA

Mientras el promedio nacional se ubicó en 2,6 por ciento, la región conformada por Corrientes, Chaco, Formosa y Misiones registró una inflación de 2,7 por ciento en abril, quedando entre las zonas de mayor suba del país junto al Gran Buenos Aires. No es un desvío alarmante en términos absolutos, pero sí es una constante que preocupa: el NEA acumula una suba de 14,6 por ciento en los primeros cuatro meses del año, frente al 12,3 por ciento del promedio nacional. Y en los últimos doce meses, la variación interanual llegó al 33,5 por ciento, por encima del 32,4 por ciento nacional.
El desglose por rubros explica buena parte de la diferencia y señala dónde está el problema concreto para las familias correntinas. El transporte de mercaderías (flete) subió 5,6 por ciento en el mes -casi un punto más que el promedio nacional del sector-, traccionado por aumentos en tarifas y combustibles. Las comunicaciones treparon 4,5 por ciento. Y el rubro de vivienda, agua, electricidad, gas y naftas registró una suba del 3,3 por ciento, reflejo del impacto que tienen los ajustes tarifarios en una región con alta dependencia del gas envasado y donde el acceso a la red de gas natural es aún nulo.
Alimentos y bebidas -el rubro que más pesa en el presupuesto de los hogares de menores ingresos- aportó la mayor incidencia sobre la variación mensual en el NEA, según señaló el propio Indec en su informe regional.
El peso del contexto correntino

Para Corrientes, la inflación regional no es un dato abstracto. Es el telón de fondo sobre el que el gobernador, Juan Pablo Valdés administra su gestión, negocia salarios con los sindicatos estatales y define los montos de las recomposiciones mensuales.
Cuando el Ejecutivo provincial anuncia incrementos «cortos y frecuentes» para los empleados públicos, lo hace en un escenario donde el 33,5 por ciento interanual del NEA erosiona sistemáticamente cualquier aumento que no lo iguale o supere.
El consumo deprimido que señalan los comerciantes del centro capitalino y los mercados del Interior tiene en estos números su explicación más directa. Los salarios corren detrás de los precios. Y en el NEA, los precios corren un poco más rápido que en el resto del país.
La desaceleración de abril es una buena noticia. Pero en una región donde el acumulado anual ya superó en más de dos puntos el promedio nacional, la distancia entre el festejo oficial y la experiencia cotidiana de los hogares correntinos sigue siendo perceptible.

