A pocos días de un nuevo 2 de abril, cuando el país se detiene a recordar los 44 años del desembarco en las islas, la causa Malvinas vuelve a encontrar en el arte un refugio para la identidad y el duelo. Esta vez, el homenaje no llega desde los grandes monumentos de mármol, sino desde la emoción y cultura, de la mano del grupo de teatro Tovarangá de San Roque.
Bajo la dirección y dramaturgia de Adolfo «Gato» Sánchez, la actriz y docente Sofía Montenegro se puso sobre los hombros una tarea que excede lo artístico: encarnar la historia de doña Elma Pelozo, la madre pionera en el proceso de identificación de los soldados caídos. La obra, que conmovió al Festival Nacional del Malambo en Laborde el pasado enero, rescata la figura de su hijo, Gabino «el Cambasito» Ruiz Díaz, el primer soldado argentino reconocido en el cementerio de Darwin.
LA BÚSQUEDA
DE UNA VOZ
MATERNA
Para construir este relato, los artistas no se quedaron en los libros de historia. Viajaron a Colonia Pando, se sentaron en el patio de doña Elma y escucharon. «Fuimos a buscar sentimientos, recuerdos, sensaciones», relató Montenegro a EL LIBERTADOR. La actriz, de 26 años tuvo el desafío de captar la cadencia de las manos y el tono de voz de una madre que esperó décadas por una certeza.
El guión de Sánchez sintetizó en apenas cinco minutos una vida de vigilia. En escena, se reconstruyen momentos de una intimidad desgarradora: desde aquel pedido de Gabino bajo un árbol de naranjas rogándole a su madre que no llorara porque se iba «orgullosamente a pelear por su Patria», hasta el sueño premonitorio de Elma, donde veía llegar camiones verde oliva con un cajón tapado por la Bandera argentina.
DE LA
INCERTIDUMBRE
A LA PLACA
CON NOMBRE
La puesta en escena recorre el arco temporal del dolor. Muestra aquel primer viaje de Elma a las islas en 1997, cuando eligió una cruz al azar -de esas que rezaban «Soldado argentino solo conocido por Dios»- para dejar sus flores. Y luego, el cierre de un círculo humanitario impulsado por la Fundación No Me Olvides, la Cruz Roja y el oficial británico Geoffrey Cardozo, cuyo diario de campo fue la llave para devolverles la identidad a estos soldados.
Uno de los momentos más potentes de la obra, según contaron sus protagonistas, es la recreación del viaje de Elma en 2020. Ya con la certeza del ADN, ella descubre que en 1997 le había «errado por un lugar» a la tumba de su hijo. La pieza culmina con un gesto cargado de simbolismo: Elma sosteniendo la placa con el nombre de Gabino Ruiz Díaz para colocarla sobre la anterior oscuridad del anonimato.
MALVINAS
DESDE EL
CORAZÓN
CORRENTINO
El impacto en Laborde fue inmediato. El locutor bonaerense Fernando Calles, reconocido defensor de la causa, no pudo ocultar su emoción al presentar la propuesta, confesando que la voz se le quebraba ante la potencia de la historia correntina.
Para San Roque y para Corrientes, este trabajo de Tovarangá mantiene viva la memoria de quienes lucharon por la Patria. El teatro de Sánchez y Montenegro, refleja la mirada de una madre que, desde el Interior profundo, desde silencio de Colonia Pando, fue la primera en decir «sí» para que todos los hijos de la guerra recuperaran, al menos, su nombre. Porque, como bien afirma la propuesta de estos artistas: «Malvinas no se olvida, pero también se actúa y se siente desde el corazón».

