Este martes, Mariano Peña, hermano mayor de Loan, prestó testimonio ante el Tribunal Oral Federal. La declaración se realizó, luego de que María Noguera y José Peña, padres de Loan, dieran sus testimonios.
Mariano describió la atmósfera del día en que se perdió el rastro de su hermano. Según su declaración, al llegar a la casa de su abuela, Catalina Peña, percibió una situación anómala: “Ya era todo raro”, sentenció. El joven puso especial énfasis en el comportamiento de su tía, Laudelina, a quien notó distante, absorta en su teléfono celular y evitando cualquier tipo de diálogo, una observación que coincide con lo declarado previamente por su padre, José Peña.

La angustia de Mariano fue evidente cuando explicó por qué evitó cruzar mirada con sus familiares imputados en la sala. El joven manifestó que el dolor y las acusaciones que pesan sobre ellos le impiden siquiera mirarlos, mientras sus padres atraviesan un sufrimiento constante.
CUENTAS CLARAS Y LA «BANDA DEL HOTEL»
Otro de los ejes centrales de la declaración fue la administración de las donaciones recibidas por la familia. Mariano confirmó que él se hizo cargo de la recaudación a través de su cuenta de Mercado Pago, la cual fue objeto de investigación por parte de la Afip. Según detalló, los fondos se destinaron íntegramente a los gastos derivados de la búsqueda: honorarios de abogados, logística, comida, y la compra de una moto y un auto para facilitar los trámites y el traslado de su padre.
En este contexto, el testigo recordó el primer contacto con Alan Cañete y Elizabeth Cutaia, figuras de la denominada “banda del hotel”. Mariano relató cómo se presentaron bajo el ala de una supuesta fundación ofreciendo un apoyo que, según sus palabras, “jamás existió”.
TENSIÓN EN EL TRIBUNAL
El tramo final del testimonio estuvo marcado por un fuerte cruce jurídico. La querella y las defensas entraron en conflicto a raíz de una reconstrucción de los hechos en la que Mariano participó junto al perito Enrique Massei. Ante la dificultad del joven para recordar detalles específicos sobre los menores presentes en dicha diligencia, se llegó a barajar la posibilidad de declararlo «testigo hostil».
Sin embargo, la intervención de la asesoría de menores y la firme postura de la fiscalía (que exigió respetar su condición de víctima-testigo) lograron encauzar la audiencia, permitiendo que el proceso continuara a pesar de las rispideces entre las partes.

