El referente de la delegación local de la Cámara Argentina de la Construcción analizó el crítico escenario que atraviesa el sector. Advirtió sobre una caída estrepitosa en las ventas de corralones que llega al 70 por ciento y cuestionó la paralización total de la inversión nacional.
02-TAPA-POLITICA-4La construcción, históricamente el termómetro de la economía argentina, atraviesa uno de sus momentos más delicados. En diálogo con EL LIBERTADOR, Gustavo Roselló, figura institucional de la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco) en Corrientes, desmenuzó la realidad de una actividad que enfrenta la desaparición de la inversión nacional y una parálisis que se siente con fuerza en el sector privado.
A pesar del alivio que significó la intervención del Gobierno provincial en ciertas obras, el panorama sigue siendo de una incertidumbre extrema.
De manera tajante, el empresario puntualizó que «ninguna nación puede desarrollarse sin una base sólida de obras viales y ferroviarias».
A continuación, el desarrollo de la conversación.
¿Cuál es el diagnóstico actual de la construcción en Corrientes bajo este contexto de recesión?
-La situación es de público conocimiento. La actividad bajó muchísimo en todo el país y, en particular, todo lo que respecta a obras de inversión nacional prácticamente ha desaparecido de nuestra agenda. Estamos ante un escenario donde la Nación está rescindiendo contratos o transfiriendo las obras a las provincias. En ese sentido, Corrientes tuvo el acierto de tomar muchas de esas obras, continuarlas y ya ha concluido una gran parte de ellas.
Se habla de ciertos repuntes en algunos informes nacionales, ¿esto se percibe en la realidad de los corralones locales?
-Para nada. Al contrario, los corralones y nuestra mano de obra son los testigos directos de la realidad y no vemos ese repunte. He hablado con gente del sector y están muy preocupados. La actividad en los corralones ha bajado hasta un 70 por ciento respecto al mismo mes del año pasado. Es una cifra que nos alarma porque refleja la verdadera situación de la actividad privada que, de otra forma, es difícil de medir con precisión.
En cuanto al marco regulatorio, ¿cómo ve el sector la aplicación de la reforma laboral?
-Nosotros ya contamos con la Ley 22.250, que incluye el Fondo de Desempleo. Al ser la construcción una actividad cíclica y por rubros -donde un operario entra para una tarea específica y luego se retira-, esta ley que tiene ya 50 años ha sido muy positiva. Permite que haya altas y bajas constantes de manera rápida, lo que facilita que el empresario no dude en tomar gente cuando la necesita. No obstante, creemos que al país le falta un ajuste laboral general para ser más competitivo, especialmente para el personal administrativo que no entra en este régimen.
Desde el Gobierno nacional se ha hecho mucho hincapié en la corrupción para justificar el freno a la obra pública. ¿Qué opina de esta visión?
-Si no hay controles, puede haber corrupción en cualquier lugar, pero eso es algo que debe resolver la Justicia. Entendemos que se votó a este Presidente para que aplique controles y mejore los procedimientos, pero eso no debería invalidar la actividad en sí.
¿Considera que el recorte de fondos ha sido demasiado drástico?
-Si bien el Presidente planteó su hoja de ruta en campaña, no pensamos que el recorte sería tan extremo. Es imposible que un país se desarrolle sin infraestructura. No se puede pretender que toda la inversión recaiga sobre los hombros de las provincias cuando la mayor recaudación de impuestos la hace la Nación. El Estado nacional debe invertir en lo vial, lo ferroviario y la infraestructura que nos conecta; de lo contrario, nos alejamos cada vez más del desarrollo.

