Este viernes, la ciudad de Rosario fue el escenario de una cumbre de alto voltaje político que tuvo como protagonistas al gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, y al senador correntino, referente del radicalismo provincial, Gustavo Valdés. Aunque los flashes y los comunicados oficiales apuntaron a la organización de los Juegos Suramericanos 2026, en la mesa de diálogo se trazaron los primeros bocetos de la estrategia electoral del radicalismo de cara a 2027.
El encuentro sirvió para ratificar una alianza estratégica entre dos de los dirigentes con mayor peso territorial dentro de la Unión Cívica Radical. Gustavo Valdés no escatimó elogios hacia la capacidad de gestión del Gobierno santafesino para albergar la cita deportiva, destacando el impacto turístico y urbanístico del evento.
Sin embargo, ese reconocimiento mutuo sobre la capacidad de planificación de las provincias fue, en rigor, un mensaje directo a la Casa Rosada. Ambos coincidieron en la necesidad de fortalecer el rol del interior en el escenario federal frente a los desafíos que impone la macroeconomía nacional.
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En este armado, el ex mandatario correntino parece haber encontrado su lugar en el mundo. Liberado de las ataduras de la gestión diaria, el radical correntino se ha calzado el traje de constructor territorial de una UCR que busca recuperar musculatura.
Su postura frente a la administración de Javier Milei es clara y no admite grises. Las diferencias que supo cultivar con el líder libertario desde los albores de su presidencia hoy se materializan en un proyecto político que busca presentarse como una alternativa de poder real.
Esta intransigencia política marca un contraste fascinante hacia el interior de su propio núcleo político. Mientras él avanza con la espada desenvainada en la arena nacional, su hermano, el actual Gobernador de Corrientes, cultiva un perfil marcadamente más diplomático.

Desde el Sillón de Ferré, Juan Pablo ejerce un pragmatismo con serena firmeza, necesario para garantizar la gobernabilidad, manteniendo los puentes institucionales con el Gobierno nacional sin romper lanzas.
Esta suerte de división de tareas -el armador intransigente y el administrador diplomático- le permite al espacio político sostener la Provincia mientras proyecta sus ambiciones más allá de las fronteras correntinas.
El eje Valdés-Pullaro no es un hecho aislado, sino la cristalización de un proceso más amplio que la UCR viene madurando en silencio. Los próximos años exigirán un radicalismo ordenado si pretende disputar la presidencia, y las conversaciones en Rosario apuntaron precisamente a evitar las históricas fragmentaciones del partido. Con la excusa del deporte, Santa Fe y Corrientes empezaron a jugar su propio campeonato político.

