La ciudad de Corrientes volvió a ser el epicentro de la reflexión pedagógica y espiritual. Al presidir la misa de clausura del 20° Encuentro de Educadores Católicos, el arzobispo local, monseñor Larregain, trazó una radiografía profunda sobre los desafíos actuales de la enseñanza y dejó un mensaje claro para quienes tienen en sus manos la formación de las futuras generaciones.
Ante una multitud de docentes, el prelado subrayó que el rol del maestro no debe limitarse al simple dictado de un programa, sino que exige un compromiso humano inquebrantable.
Echando mano a las palabras del apóstol San Pablo, Larregain recordó a los presentes que los educadores son administradores y no dueños de la verdad. Fue en ese tramo de su homilía donde lanzó una de las definiciones más contundentes de la jornada, al advertir que cada niño, adolescente y joven posee una vocación y una historia propia.
EL FRACASO DE LAS AULAS

Para el Arzobispo, la labor en las aulas fracasa si el alumno queda minimizado a un mero rendimiento académico o a una nota en la libreta. Educar, sentenció, es mucho más que transmitir conocimientos; es ayudar a que cada individuo descubra que su vida tiene sentido y que puede aportar un valor real al mundo.
El diagnóstico eclesiástico no esquivó los vertiginosos cambios que atraviesa la sociedad. Utilizando la figura bíblica del vino nuevo en odres nuevos, monseñor interpeló a la comunidad educativa a buscar formas renovadas de acercarse a los estudiantes.
NUEVAS DINÁMICAS
Reconoció que las nuevas tecnologías y los códigos de las juventudes contemporáneas obligan a transformar las dinámicas de aprendizaje, pero aclaró que esa adaptación no implica abandonar la tradición, sino garantizar que los jóvenes sigan sintiéndose escuchados, acompañados y respetados.
La magnitud de este vigésimo encuentro no es casual. Corrientes ha consolidado a lo largo de los años una política de puertas abiertas para este tipo de debates, entendiendo que la educación no es una isla, sino el motor indispensable del desarrollo social.

