El mercado laboral correntino expone una realidad insoslayable: la necesidad de trabajar cada vez más para llegar a fin de mes. Según el Informe Día del Trabajador 2026 elaborado por el Instituto de Modernización e Innovación, dos de cada diez personas tienen más de un empleo. Además, un contundente 77,2 por ciento de los ocupados que buscan trabajo lo hacen para sumar una nueva actividad. El objetivo principal de esta demanda persistente es intentar cubrir los gastos de consumo del hogar.
Los datos, relevados durante el año 2025, revelan que la sobreocupación es un rasgo distintivo de la fuerza de trabajo local. En la Capital provincial, cinco de cada diez trabajadores sufren esta condición, cumpliendo jornadas laborales verdaderamente extensas. Al analizar a quienes poseen múltiples ingresos, más de la mitad, el 52,2 por ciento, supera las 45 horas semanales de actividad. En marcado contraste, solo un 30 por ciento de los pluriempleados dedica menos de 35 horas semanales a sus labores combinadas.
En cuanto a la estructura general, el estudio señala que seis de cada diez trabajadores son asalariados y tres de cada diez operan por cuenta propia. El documento también demuestra que la modernización de las modalidades de empleo es aún muy incipiente. Apenas el 3,9 por ciento del total de la población ocupada logra realizar sus tareas mediante el formato de teletrabajo. Al desglosar este indicador, se observa que lo aplica el 6,1 por ciento de los cuentapropistas y solo el 3,7 por ciento de los asalariados.
Al analizar la participación por género, el informe destaca profundas desigualdades estructurales en el aglomerado. El 57 por ciento de los varones está ocupado, frente a un 42,4 por ciento de las mujeres, marcando una brecha evidente. Esta disparidad se agrava fuertemente en el acceso a los puestos de jerarquía o de toma de decisiones. En las jefaturas, el porcentaje de hombres ocupados supera al de las mujeres por 11 puntos porcentuales, alcanzando un 14,7 frente a un magro 3,7 por ciento.
Los jóvenes de entre 19 y 29 años tampoco escapan a este escenario, con una tasa de actividad del 40,9 por ciento y de empleo del 38,5 por ciento. La asalarización en este segmento etario se ubica en un 67,4 por ciento de los trabajadores de esa franja. Un dato insoslayable es que la precariedad laboral afecta directamente al 18,3 por ciento de los jóvenes asalariados. Sin embargo, el reporte destaca que esta cifra se encuentra 16,6 puntos por debajo de la precariedad general correspondiente a toda la población asalariada capitalina.

