Corrientes vuelve a rugir con la fuerza de su identidad. Lo que hace años parecía un sueño lejano de científicos y conservacionistas, hoy es una realidad que posiciona a la provincia a la vanguardia mundial: el Gran Parque Iberá ya alberga a 50 yaguaretés silvestres.
La noticia, confirmada en las últimas horas por la Fundación Rewilding Argentina, llegó con un plus de esperanza. La hembra Porá, una de las pioneras en ser liberada al inicio del proyecto, fue avistada nuevamente como madre. Su cachorro no es uno más; es el individuo número 50 registrado en libertad, un símbolo viviente del éxito del programa de reintroducción más ambicioso de América Latina.
El regreso del «Señor de los Esteros»
El retorno del yaguareté al gran humedal marca la recuperación del depredador tope, ese eslabón fundamental que se encarga de regular el ecosistema. Sin él, el Iberá estaba incompleto; con él, la naturaleza recupera su equilibrio, controlando las poblaciones de otras especies y permitiendo una regeneración natural que solo ocurre cuando el ciclo de la vida está pleno.
Un camino que comenzó en 2007
La Fundación Rewilding Argentina inició este camino hace casi dos décadas. El diagnóstico era desolador: el territorio correntino había sufrido un proceso de defaunación devastador, perdiendo a la mayoría de sus grandes mamíferos y aves. Especies emblemáticas como la nutria gigante, el tapir, los pecaríes y el oso hormiguero gigante habían desaparecido del mapa provincial.
Hoy, gracias a la técnica del rewilding, ese proceso de extinción se está revirtiendo. El Iberá no solo recupera al yaguareté, sino que vuelve a ser el hogar de aves como el Guacamayo rojo y el muitú; mamíferos clave como Oso hormiguero gigante y pecaríes de collar.
Además de poblaciones en recuperación como el venado de las pampas y el aguará guazú, que antes pendían de un hilo, hoy vuelven a poblar los campos con mayor fuerza.
Restaurar para el futuro
El trabajo no se detiene en el número 50. La meta final es la restauración total de las funciones ecológicas del humedal. Cada especie que regresa cumple un rol: algunos dispersan semillas, otros controlan pastizales y los grandes carnívoros, como el yaguareté y el ocelote, aseguran que solo los más aptos sobrevivan, manteniendo la salud de todo el sistema.
Corrientes demuestra así que la crisis de biodiversidad se puede combatir con acción, ciencia y compromiso político. El Iberá hoy no es solo un destino turístico internacional; es un laboratorio de vida donde el pasado silvestre se encuentra con el presente para asegurar el futuro del patrimonio natural.

