El Gobierno nacional sabe que en el Congreso no hay margen para la improvisación ni para los desplantes. La hoja de ruta trazada por la gestión de Javier Milei necesita con urgencia convertirse en ley, y para eso, los votos de los legisladores que responden a los líderes provinciales valen su peso en oro.
Con el Presupuesto 2027, la Reforma Electoral y el ambicioso proyecto sobre Malvinas en la gatera, la orden que bajó desde la cúpula del poder libertario fue clara: hay que contener a los gobernadores y mantenerlos orbitando en un esquema de aliados, o al menos, de «cuasi aliados».
El encargado de ejecutar esta partitura de alta tensión política es el jefe de Gabinete, Diego Santilli. El funcionario diagramó para esta semana una verdadera maratón de rosca y gestión: recibirá a 7 gobernadores en menos de 24 horas. Y es en este tablero donde la figura del correntino Juan Pablo Valdés cobra un peso específico determinante.
POSTURA DEFINIDA Y ESTRATÉGICA
Valdés cruzará las puertas de Balcarce 50 este miércoles por la tarde. No estará solo, ya que la agenda de Santilli para hoy agrupa también a Raúl Jalil (Catamarca), Gustavo Sáenz (Salta) y Osvaldo Jaldo (Tucumán).
Sin embargo, el correntino pisará la Casa Rosada con un posicionamiento muy distinto al del resto de los comensales. Hace apenas unos días, el mandatario radical elevó la voz y lanzó quejas públicas hacia la Casa Rosada por los detalles incumplidos en los acuerdos preexistentes. No fue un exabrupto, sino una jugada calculada.
El Gobernador ha demostrado ser uno de los dirigentes que mejor maneja los tiempos de la diplomacia política en la Argentina de hoy. Entiende que la gobernabilidad de Milei requiere de las espadas legislativas de las provincias, pero se niega a entregar un cheque en blanco.

Su estrategia de negociación marca un abismo de diferencia con otros correligionarios de la región. El contraste más evidente lo tiene cruzando el puente General Belgrano: mientras Valdés hace valer su peso territorial y discute de igual a igual, el gobernador del Chaco, Leandro Zdero, ha adoptado una postura de aliado casi genuflexo ante los pedidos que bajan desde la Nación, diluyendo su propio poder de fuego a cambio de una cercanía que en Corrientes miran de reojo.
Para el Gobierno nacional, el desafío es mantener a Valdés dentro de la mesa de los acuerdos sin que las fricciones por la caja y la obra pública terminen dinamitando los puentes de cara al debate parlamentario. Milei necesita a los diputados y senadores correntinos tanto como Valdés necesita certidumbre económica para la Provincia.
DIÁLOGO TERRITORIAL
La ronda de negociaciones no terminará con el bloque de este miércoles. El reloj de Santilli seguirá corriendo el jueves por la mañana, cuando se sume el ministro de Economía, Luis Caputo, para un mano a mano con el gobernador de Jujuy, Carlos Sadir. Ya pasado el mediodía, será el turno del chaqueño Zdero -quien seguramente encontrará un terreno mucho más allanado en su despacho- y, por la tarde, la seguidilla cerrará con el fueguino Gustavo Melella.
La Casa Rosada se convierte así, una vez más, en el epicentro de un «toma y daca» frenético. El Gobierno acelera porque sabe que el 2027 está a la vuelta de la esquina y no puede darse el lujo de tropezar en el recinto. Los gobernadores, con Valdés como uno de sus exponentes más astutos, ya tienen el precio fijado. Ahora, queda ver quién paga la cuenta.

