Por Noelia Irene Barrios
EL LIBERTADOR
En los últimos días, Corrientes se vistió de fiesta y comenzó a mostrarle al país por qué se merece el título de Capital Nacional del Carnaval. La gran fiesta de plumas, brillos y colores se despliega tanto en corsódromo oficial Nolo Alías, como en los barrios y las pistas de las distintas ciudades del Interior. Así, la provincia le hace honor a una extensa tradición que comenzó a consolidarse desde mediados del 1800, con agrupaciones que se organizaron y se constituyeron en las comparsas pioneras de esta gran celebración. Una de ellas fue Momo, que ya en 1858, deleitó y fue celebrada por la sociedad correntina.
El registro de los preparativos y el paso de esta comparsa quedó grabado en las páginas del diario La Opinión, editado en Corrientes y presentado como un «periódico político, literario y comercial». Entre enero y febrero de 1858, hizo varias publicaciones referidas a Momo y al carnaval de ese año, que por entonces duraba tres días y era un poco diferente a cómo se lo celebra hoy.
En la edición del 26 de enero de ese año, el periódico publicó en su sección Crónica Local un anuncio escueto para sus lectores: «Carnaval: se acerca este niño travieso y juguetón. Creemos que este año estará divertido y animado. Hemos oído decir que varios jóvenes se aprestan al combate y que se preparan algunas comparsas de máscaras. Así nos gusta. Humor, buen humor, que la vida pasa y los buenos años no vuelven».
En esa oportunidad, se advertía también que esta fiesta incluía el juego con agua en las calles desde el mediodía hasta la puesta del sol y luego, el gran baile con máscaras y trajes en una salón especialmente habilitado para eso. Los jóvenes eran los más entusiastas y la celebración requería que la Policía ponga orden para quienes se pasaban de la raya, por eso había disposiciones especiales y penas que se pagaban con dinero o días de arresto para quienes no las cumplieran.


ESPLENDOR
Sobre la agrupación, en la edición del 29 de enero de ese año, publicaban la convocatoria. «Comparsa Momo. Con este nombre está abierta la convocatoria de una comparsa de jóvenes decentes. Su director, el Señor D Silvano Blanchart. Sabemos que hay muchos suscritos ya. No dudamos que será numerosa y lucida en trajes».
Ya finalizada la fiesta, el mismo periódico le dedicó a Momo una nota más extensa, celebrando su esplendor. «La comparsa Momo se encargó de amenizar las horas de la noche… Nuestras bellas habían unido a su hermosura y gracias naturales todos los encantos del arte. Vestidos de ligeras gasas de celestiales colores, volados adornados de cintas, aéreos encajes, coronas de bellísimas flores, enredas en lustrosas y perfumadas cabellera…», describía el cronista.
«Pasaron las horas de contento con la presteza con la que pasan siempre las horas de ventura, dejándonos solamente por herencia algunos efímeros recuerdos que el tiempo borrará de nuestra mente con la mano yerta del olvido». Un cierre nostálgico a una crónica que, sin embargo, sobrevivió al paso del tiempo y mantuvo presente a esa primera agrupación que revive 168 años después en el espíritu de las en las grandes comparsas que hoy desfilan en los corsódromos de la provincia.
Con límites
Ya en esos años, el carnaval tenía sus límites y sus participantes debían respetarlos. Para la edición de 1858, por ejemplo, la Policía publicó un edicto en que daban a conocer el Reglamento para las Comparsas de Máscaras.
Entre sus artículos más destacados figuraba la prohibición del «uso de toda clase de armas como accesorias al disfraz»; que «las comparsas se formarán con número de diez a 20 individuos, bajo la dirección de un Presidente que sea responsable de ellos»; que todos los inscriptos iban a recibir una tarjeta con el sello del departamento el cual debían «llevar visible y con la acreditación».
«Los individuos que teniendo permiso de la Policía para usar máscara infringieren el presente Reglamento, pagarán cinco pesos de multa y se les retirará el permiso», advertía la directiva.

