La localidad de La Cruz celebró este sábado su tradicional Fiesta Patronal en honor a Nuestra Señora de la Asunción de Acaraguá y Mbororé, con una masiva participación de fieles provenientes de distintos puntos de la región. La comunidad rindió homenaje a su Santa Patrona a través de las actividades litúrgicas tradicionales, la procesión y los festivales populares, que además dinamizaron el turismo y la economía local durante la jornada.
UN CULTO CON CASI 400 AÑOS DE HISTORIA
En la oportunidad, el intendente Luis Calomarde puso en valor el profundo arraigo que tiene la fecha para los cruceños y la trascendencia de la histórica imagen tallada por los jesuitas tras la batalla de Mbororé. En ese marco, remarcó que “es una fiesta muy cara a nuestros sentimientos, casi 400 años que la Virgen viene transitando con los cruceños, donde se ensambla lo histórico, lo religioso y lo cultural”. A su vez, subrayó que la celebración trasciende lo religioso para constituirse en un pilar de la identidad cultural de la localidad, heredada de generación en generación desde la época de las reducciones jesuíticas.
Calomarde agradeció, asimismo, el acompañamiento del Ejecutivo provincial tanto en las obras de refacción y pintura del templo parroquial como en la organización general del evento, un respaldo que consideró clave para sostener la infraestructura religiosa y turística de la zona.

IMPACTO ECONÓMICO PARA LOS EMPRENDEDORES
Finalmente, el Intendente ponderó la concurrencia multitudinaria registrada en las distintas veladas y el impacto positivo que la festividad generó entre los artesanos y feriantes que recorren el corredor festivo regional.
En ese sentido, celebró el movimiento económico generado para las familias que viven de sus emprendimientos y concluyó que “es muy bueno para la gente que trabaja y vive de sus emprendimientos; estamos muy felices porque la fiesta viene siendo un verdadero éxito con una presencia multitudinaria de la comunidad y de localidades vecinas”.
La Fiesta Patronal de La Cruz se consolida así como una de las citas religiosas y culturales más convocantes del corredor turístico correntino, al atraer cada año a visitantes de localidades vecinas y reforzar, de esta manera, el rol de la festividad como motor de la economía familiar y comunitaria.


