El abigeato volvió a golpear con fuerza en el paraje rural de Cuay Grande, una zona que los productores locales ya describen como la «zona caliente» de este delito. El último golpe ocurrió en el establecimiento rural San Roque, ubicado a unos 30 kilómetros al Sur de Santo Tomé, donde delincuentes hurtaron y faenaron ocho animales vacunos.
El hecho quedó al descubierto el 28 de agosto, cuando uno de los peones rurales del campo detectó la situación durante su jornada laboral. Los animales estaban en el potrero La Costa, un sector del campo que se encuentra muy cerca del río Uruguay. Al recorrer la zona de manera más minuciosa, se toparon con una escena repetida: los restos de los vacunos faenados. Los delincuentes se movieron con rapidez y selectividad, llevándose únicamente los cortes más valiosos, como los cuartos y las paletas, y dejaron abandonadas las partes menos útiles o directamente los cuerpos de los animales muertos.
SOSPECHAS DE QUE
CRUZAN EL RÍO
Por la modalidad del robo, la principal hipótesis de los investigadores apunta a cuatreros brasileños. Presumen que los delincuentes cruzaron el río Uruguay, cometieron el abigeato, hicieron la carneada en el lugar y luego cargaron la carne en canoas para cruzarla rápidamente hacia la costa de Brasil.
Sin embargo, mover los cortes pesados de ocho vacunos exige una logística y una fuerza física que difícilmente pueda aportar un grupo reducido. Por eso, en esta oportunidad las autoridades no descartan que los delincuentes hayan contado con apoyo de cómplices locales en territorio argentino.
EL RECLAMO VECINAL
Para los productores ganaderos de la región, este ataque no es un hecho aislado, sino la consecuencia directa del retiro de las fuerzas de seguridad. El campo afectado por la carneada queda a apenas dos mil metros de donde funcionaba el Destacamento Lorenzo Romero de la Prefectura Naval Argentina.
Este puesto de control fronterizo fue desmantelado recientemente. Desde que se retiró a la fuerza federal, los ganaderos locales aseguran que las incursiones de bandas, tanto locales como del vecino país, se multiplicaron notablemente. Las pérdidas económicas se acumulan y los vecinos exigen respuestas ante una frontera que sienten desprotegida.

