La histórica victoria de la Selección Argentina frente a Inglaterra para sellar el boleto a la gran final del Mundial de Estados Unidos, Canadá y México 2026 caló hondo en la fibra íntima del país y reactivó, de manera inevitable, las lecturas políticas en los despachos oficiales. En una entrevista radial concedida pocas horas después del pitazo final, el presidente Javier Milei exteriorizó su «alegría inmensa» por el rendimiento del equipo de Lionel Scaloni y aprovechó para trazar paralelismos entre la resiliencia deportiva del plantel y el rumbo socioeconómico de su gestión.
«Argentina lo pasó por arriba», analizó el jefe de Estado, valorando la capacidad del combinado nacional para reponerse de un inicio adverso y terminar dominando el encuentro con holgura.
«No importa cuán adverso sea el contexto del cual partimos; siempre nos levantamos, siempre salimos, porque Argentina no se rinde», sentenció el mandatario, vinculando de manera directa la mística futbolística con la retórica de su programa de reformas y la reciente desaceleración inflacionaria.
ELOGIOS A MESSI Y DISTANCIA DEL «PATRIOTERISMO BARATO»

Durante la charla, Milei dedicó un párrafo especial al capitán argentino, Lionel Messi, cuya participación en el segundo gol terminó por destrabar un choque de altísima tensión. Para el Presidente, el rendimiento del astro rosarino en esta Copa del Mundo termina de saldar cualquier «materia pendiente» histórica con la camiseta celeste y blanca, consolidándolo en la cúspide del fútbol mundial.
Sin embargo, el punto más agudo de la entrevista se dio al abordar el inevitable trasfondo histórico que rodea a cada enfrentamiento contra Inglaterra. Lejos de alimentar la épica chauvinista, Milei fue tajante y pidió desvincular el resultado deportivo de la causa Malvinas.
El Presidente habló de la despolitización del juego. «Es un partido de fútbol», cortó en seco el mandatario, buscando enfriar la retórica belicista en torno al césped. Y remarcó que la recuperación de la soberanía sobre el archipiélago austral «se logra con una diplomacia sabia y no con gestos de patrioterismo barato», destacando la estrategia internacional que lleva adelante su cancillería.
A DISPOSICIÓN, PERO BAJO CONDICIONES
Con la mirada puesta en la final del domingo, la cual seguirá desde la Quinta Presidencial de Olivos, Milei anticipó que el emblemático balcón de la Casa de Gobierno estará disponible para los futbolistas.
No obstante, en un intento por diferenciarse de administraciones anteriores, el Jefe de Estado aseguró que ya se coordinaron los protocolos de seguridad necesarios para garantizar que, de concretarse la consagración, los festejos pertenezcan «exclusivamente a los jugadores y a la gente, sin interferencias ni utilización partidaria».
LA DELGADA LÍNEA DE LA NEUTRALIDAD
La cautela de Javier Milei al ofrecer la Casa Rosada y su insistencia en garantizar un festejo «libre de política» no es un hecho aislado; responde a una herida reciente en la relación entre el poder político y la Scaloneta.

En Qatar 2022, bajo la gestión de Alberto Fernández, el plantel campeón del mundo protagonizó un hito sin precedentes en la historia democrática argentina: se negó sistemáticamente a visitar la Casa Rosada y a posar en la foto oficial con las autoridades de turno. Aquella decisión, gestada bajo el liderazgo de Messi y Scaloni, buscó blindar al grupo de la grieta partidaria y evitar la cooptación de la Copa por parte del oficialismo de aquel entonces. El resultado fue una histórica caravana popular en autopistas que colapsó por su propia masividad, pero que mantuvo la neutralidad del equipo intacta.
En este 2026, el escenario presenta un tablero diferente pero igualmente complejo. Aunque Javier Milei comulga con una filosofía de libre mercado y desregulación que simpatiza con algunos proyectos del fútbol moderno (como las Sociedades Anónimas Deportivas, que han generado rispideces con la conducción de la AFA de Claudio «Chiqui» Tapia), el plantel mantiene su férrea política de no dejarse utilizar como escudo político.
Al ofrecer el balcón «sin interferencias», el actual Gobierno busca desactivar de antemano un eventual desplante del plantel y, al mismo tiempo, capitalizar conceptualmente el éxito: si los jugadores aceptan ir a una Rosada «despolitizada», Milei logrará la foto que el kirchnerismo no pudo tener, asociando indirectamente la idea del «resurgimiento argentino» con la gloria deportiva del bicampeonato.

