Para los creyentes católicos, desde hace 2.000 años el Papa es el sucesor de San Pedro -como lo expresan testimonios en los primeros siglos del cristianismo-, lo que se cimienta en la decisión del propio Jesús sobre quien se llamaba Simón: «Y Yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella». Más allá de las luces y sombras de la historia de los cristianos, todos -como toda la humanidad- son abrazados por el Obispo de Roma, tal como lo simbolizan las columnatas de la plaza precisamente de San Pedro en el Vaticano.
La visión de la Iglesia Católica de los relatos evangélicos en torno al apóstol Simón Pedro, conocido como San Pedro, resalta su preeminencia sobre los demás apóstoles: Jesús le da un nombre especial de «Cefas», que significa «roca» en arameo y traducido al griego como «Pedro», el cual señalaría, según la interpretación católica, la futura misión del apóstol.
Además, en los listados de apóstoles, los evangelistas siempre lo nombran en primer lugar, incluso utilizando el título de «el primero». Con todo, el pasaje evangélico clave es Mateo 16, 13-20, donde Jesús hace entrega a Pedro de las «llaves del Reino de los Cielos» y se refiere a él como la piedra sobre la cual fundaría su Iglesia: «Cuando Jesús llegó a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a Sus discípulos: ‘¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?’. Y ellos respondieron: ‘Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; pero otros, Jeremías o alguno de los profetas’. ‘Y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?’, les preguntó Jesús. Simón Pedro respondió: ‘Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente’. Entonces Jesús le dijo: ‘Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino Mi Padre que está en los cielos. Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré Mi Iglesia; y las puertas del Hades (el reino o lugar de los muertos) no prevalecerán contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la Tierra, será atado en los Cielos; y lo que desates en la Tierra, será desatado en los Cielos’. Entonces ordenó a los discípulos que a nadie dijeran que Él era el Cristo».
Luego de la resurrección, Jesús vuelve a mencionar su papel: «Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas».
SUSTENTO BÍBLICO PARA LA ECLESIOLOGÍA
Por ello, según la Iglesia Católica, el Evangelio reflejaría la voluntad de Jesucristo de que sus discípulos permanecieran unidos bajo la dirección de Pedro, tal y como sugiere el pasaje bíblico sucedido en Cesarea de Filipo, ciudad edificada sobre una terraza a los pies del monte Hermón: «Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» (Evangelio de San Mateo capítulo 16 versículo 18 -Mt 16.18-).
En los Hechos de los Apóstoles se mostraría el papel de dirección que tiene Pedro: se encarga de iniciar la elección del que tomaría el lugar de Judas; es el primero en salir a hablar después de la venida del Espíritu Santo estando la Virgen María y demás mujeres con los apóstoles, suceso conocido como Pentecostés, en el cual se considera el nacimiento formal de la Iglesia; y también Simón, ya por entonces Pedro, es el primero en hablar en el concilio de los apóstoles. Todo ello es interpretado por la Iglesia Católica como muestra del papel y misión que Jesús dio a Pedro en relación con la Iglesia que él fundaría.
Por tales motivos, Pedro es considerado dentro de la Iglesia Católica como el primer Papa y a quienes fueron ocupando su lugar como Sucesores de Pedro, y de manera ininterrumpida por casi 2 mil años. Aunque en aquel tiempo no llevaba ese título, se le atribuye la misma función fundamental de primado apostólico.
POR LA HISTORIA
Antes del Concilio de Nicea I (es decir, una asamblea de obispos cristianos convocada en el año 325 en la ciudad de Nicea, actual Iznik, Turquía, por el emperador romano Constantino I), diversos textos de la literatura cristiana antigua fueron interpretados por la tradición católica como testimonios de la autoridad del obispo de Roma y de la primacía asociada a Pedro. Entre ellos se citan autores como Clemente de Roma, Tertuliano, Cipriano de Cartago y Orígenes.
El reconocimiento de siempre a la autoridad del obispo de Roma
Antes del Concilio de Nicea I en el año 325, como se indicó en la nota de la página anterior, diversos textos de la literatura cristiana antigua fueron interpretados por la tradición católica como testimonios de la autoridad del obispo de Roma y de la primacía asociada a Pedro. Entre ellos se citan autores como Tertuliano, Clemente de Roma, Cipriano de Cartago y Orígenes.
TERTULIANO:
«¿Se le ocultó algo a Pedro, que fue llamado piedra de la Iglesia que iba a ser edificada, que obtuvo las llaves del Reino de los Cielos y la potestad de desatar y atar en los Cielos y en la Tierra? Pero si te encuentras cerca de Italia, tienes Roma, de donde también para nosotros está pronta la autoridad. Qué feliz es esta Iglesia a la que los Apóstoles dieron, con su sangre, toda la doctrina, donde Pedro es igualado a la pasión del Señor».
(Quinto Septimio Florente Tertuliano vivió entre el año 160 y 220, fue un influyente escritor, apologista y teólogo paleocristiano nacido en Cartago, actual Túnez y es considerado el padre de la teología latina y uno de los pilares de la cultura cristiana occidental).
CIPRIANO DE CARTAGO:
«Y Pedro, sobre la cual la Iglesia es construida, contra la cual las puertas del infierno no prevalecerán, para manifestar la unidad estableció una cátedra, y con su autoridad dispuso que el origen de esta unidad empezase por uno. Cierto que lo mismo eran los demás Apóstoles que Pedro, adornados con la misma participación de honor y potestad, pero el principio dimana de la unidad. A Pedro se le da el primado, para que se manifieste que es una la Iglesia de Cristo».
(Tascio Cecilio Cipriano, de quien se data que falleció el 14 de septiembre del año 258, fue un clérigo y escritor romano, obispo de Cartago, santo y mártir de la Iglesia. Autor importante del Cristianismo primitivo, de ascendencia bereber, muchas de cuyas obras en latín se han conservado).
CLEMENTE DE ROMA:
Debemos ser obedientes a Dios, en lugar de seguir a aquellos que, con arrogancia y rebeldía, se han erigido en líderes movidos por una envidia abominable… Porque Cristo está con los humildes de corazón, no con los que se exaltan a sí mismos por encima del rebaño.
(Fue obispo de Roma y, en tal calidad, se lo considera como el 4º Papa. Se suele situar su elección en el año 88 y su muerte por martirio en el año 97. Texto de la Carta a la congregación de Corinto; epístola que ofrece una valiosa perspectiva sobre el ministerio de la Iglesia en aquella época y sobre la historia de la Iglesia romana. Era muy apreciada y se leía en la iglesia de Corinto junto con las Escrituras hacia el año 170).
ORÍGENES:
«Y Pedro, sobre la cual la Iglesia es construida, contra la cual las puertas del infierno no prevalecerán».
(Orígenes de Alejandría -también conocido como Orígenes Adamantius-, nació en el 185 y murió en el año 253 o 254. Fue uno de los teólogos, filósofos y exégetas, es decir intérpretes de la Biblia, más importantes e influyentes del cristianismo primitivo).
¡León XIV, la Argentina, la tierra de Francisco, te recibe alborozada y te abraza emocionada!
El título de Papa no aparece en la Biblia, sino que procede de la tradición oral. A los primeros obispos se les consideraba padres de la comunidad, y por tanto, el pueblo los nombraba «Pappas», que en griego es un diminutivo de «Padre». No sólo el obispo de Roma recibía este título, sino los obispos de otras ciudades como el de Antioquía, Alejandría o Cartago. Con el tiempo este título sólo se reservó para los obispos de Roma.
En tiempos modernos, los Papas también han sido comunicadores clave, promotores de la paz, la justicia social y el diálogo interreligioso. Desde el Concilio Vaticano II celebrado entre 1962 y 1965 hasta los actuales desafíos del siglo XXI, como la crisis climática o los escándalos de abuso, el rol del Papa sigue siendo crucial para orientar a la Iglesia hacia un camino de transparencia y renovación. El Pontífice anterior a León XIV -que hoy llega a la Argentina- el Papa Francisco ha traído una visión más pastoral y cercana, rompiendo con algunas tradiciones para acercarse más al pueblo que, con estilo y modo de ser propios, en el contenido continúa el actual Sucesor de Pedro, los dos primeros americanos en la historia dos veces milenarias de la Iglesia Católica.
«Me encomiendo a sus oraciones», dijo, y millones en Latinoamérica y el mundo rezan por su visita
«Me encomiendo a sus oraciones, para que este viaje fortalezca la fe, renueve la esperanza, reavive el fuego de la caridad y sea un impulso para seguir anunciando el Evangelio con alegría», dijo el Pontífice en la Audiencia General de este miércoles 4 de noviembre, dos días antes de iniciar el viaje apostólico que lo llevó a Uruguay desde este viernes y que hoy, domingo 8, lo trae a la Argentina, para confirmar la fe de sus hermanos y hablar en Nombre de Jesús, la cual es la misión que le encomendó en la Iglesia que fundó hace 2.000 años y permanece inequívocamente unida a través de los siglos de las manos del Sucesor del Apóstol Pedro.
Y ese anuncio del Evangelio con alegría no oculta la realidad de los pueblos y de millones de personas que padecen diversos sufrimientos y causas, como el pueblo del Paraguay por estos días como consecuencia de la corrupción de quienes optan por el servicio al mal. O tantas familias argentinas sumidas en la angustia por la pobreza que las azota hace varios años, cuando no décadas de la pobreza estructural en uno de los países de mayores recursos naturales.
Precisamente, hace un año al recibir al Consejo Nacional Antiusura en Italia, León XIV sentenció: «El fenómeno de la usura evoca el tema de la corrupción del corazón humano. «¡Cuán lejos de Dios está la actitud de quienes oprimen a las personas hasta el punto de esclavizarlas! Es un pecado grave, a veces gravísimo, porque no puede reducirse a una simple contabilidad; la usura puede causar crisis en las familias, puede desgastar la mente y el corazón hasta el punto de inducir a pensar en el suicidio como la única salida». (AEH)

