Por Noelia Irene Barrios
EL LIBERTADOR
Transcurrieron 216 años desde que el que general Manuel Belgrano pasó por la provincia de Corrientes en lo que se conoció como la Expedición al Paraguay. Fue una misión que le encomendó la Primera Junta para sumar aliados en la campaña revolucionaria. Esta acción se convirtió en una hazaña militar, pero no fue nada fácil debido a lo difícil del terreno que el prócer debía atravesar con sus carretas y su ejército. En ese transcurso es donde cobra relevancia la figura de Juan José Borda, un correntino olvidado por la historia oficial que, sin embargo, fue una figura clave en la logística que hizo esa gesta posible.
El registro biográfico sobre este correntino servidor de la Patria lo redactó el historiador, periodista y escritor Manuel Florencio Mantilla (1853-1909). En su libro Narraciones, que recoge varios de sus artículos, la historia de Borda aparece titulada como El carretero de Belgrano.
En su crónica Mantilla describe las dificultades del prócer en su paso por Curuzú Cuatiá debido al mal estado de sus carretas que no iban a aguantar seguir por el terreno adverso de las llanuras y esteros de la provincia. «Cuando el General se preocupaba de dar pronta solución al inconveniente, presentósele voluntariamente el paisano correntino Juan José Borda y le pidió un puesto en servicio de la Patria, en cuanto se le quisiera ocupar», relató el historiador y señaló que así comenzó la hazaña.
De acuerdo con el relato del historiador, el General le concedió el deseo de unirse a su grupo de hombres y le encomendó la tarea de reparar las carretas para que aguantaran la expedición. Y el correntino no lo defraudó. «El fue -decía Belgrano- el que arregló toda la madera para la carretería del ejército», registró Mantilla.





HUMILDAD
De acuerdo con los datos que recogió Mantilla, Borda siguió en servicio hasta que la labor de Belgrano en el territorio finalizó. El periodista mencionó que ni aun entonces pidió reconocimiento el correntino. Sin embargo, su historia también incluye a una esposa e hijos a los que dejó cuando se fue de voluntario y cuya condición era muy humilde.
«Combinó, entonces, sus deberes y pidió a la Junta Gubernativa que el teniente gobernador de Corrientes le diera colocación en una plaza militar, en cuyo puesto pensaba hacer mayores servicios». Así atendería de cerca a su menesterosa familia sin quedar huérfano su corazón del amor patrio que le consumía», mencionó Mantilla.
La respuesta del teniente de gobernador Elías Galván no se hizo esperar: «Los acreditados servicios de don Juan José Borda le hacen acreedor al aprecio del gobierno y a que le recomiende encarecidamente a Vd (usted) para que le coloque en clase de oficial de esa guarnición, acreditando de este modo que no quedan sin premio los buenos servidores».
Fue un reconocimiento a su incansable labor y también un alivio para su familia. Mantilla se preguntaba en la crónica: «¿Qué más podía esperar en su ínfima esfera el pobre carretero y chasque de Belgrano?». La respuesta la daba, según sus registros, el propio Juan José Borda cada vez que sus amigos le felicitaban. Mostraba la nota que llevaba como siempre en el bolsillo y decía: «Esto es lo que vale, porque lo tienen pocos».
