Luego de un trágico episodio ocurrido hace dos semanas en la provincia de Santa Fe, donde un menor asesinó a otro en una escuela, una ola de amenazas comenzaron a ser detectadas en instituciones escolares de todo el país. En Corrientes, el viernes, la Policía encabezó dispositivos de seguridad nunca antes vistos, donde los uniformados revisaban las mochilas de los menores en los accesos de los colegios. Y el Jefe de la fuerza provincial informó que, gracias a un trabajo de inteligencia digital, lograron identificar a seis chicos como responsables de esos hechos. La principal hipótesis, un reto viral difundido en una plataforma donde se los incitaba a encabezar ese tipo de ataques mortales.
Ante esa situación, tanto las autoridades escolares como de Seguridad de la Provincia volvieron a insistir en una recomendación que parece pasarse por alto en las casas particulares: revisar y controlar el contenido y las interacciones de los menores frente a las pantallas del celular y las computadoras, porque es a través de esos medios en donde se difunden esa clase desafíos que parecen no tener límites y que están pensados específicamente para influir en las acciones de chicos y adolescentes.
En un comunicado, el Ministerio de Seguridad de la Nación había dado a conocer información sobre este problema que se volvió una preocupación real. «Creados tanto por empresas como por usuarios de redes sociales, los desafíos virales son contenidos de rápido alcance masivo en las plataformas digitales donde los niños y adolescentes los realizan para sumar popularidad, reconocimiento social e interacción entre ellos».
«Estos desafíos virales se propagan principalmente en redes sociales como TikTok, Instagram y Snapchat. También circulan en grupos de chat de Whatsapp, Telegram y Messenger al mismo tiempo que se difunden en foros y plataformas de streaming como Youtube. Así aumentan los accesos a estas empresas que recaban datos de los usuarios para personalizar las publicidades y amoldarlas a sus gustos e intereses», agregan.
LÍNEA ROJA
Estos desafíos, según explican las autoridades pueden apuntar a impulsar la imaginación y la creatividad a través del juego. Pero hay otros que no y es en ellos, donde los adultos deben poner especial atención porque «implican riesgos para la salud y seguridad de los niños y adolescentes porque su participación responde a la presión social o a la necesidad de ser aceptados por sus pares».
En estos casos, se incentiva a los niños y adolescentes a subir niveles que van siendo cada vez más peligrosos y hay una línea roja que se apunta a pasar, como puede ser herir a un tercero o autolesionarse ellos mismos.
Ese parece ser el caso de los retos virales que derivaron en una muerte en Santa Fe, y en las amenazas que proliferaron en las escuelas correntinas la semana pasada. La responsabilidad de evitar que esas simples bromas escalen a mayores, no es otra que la de padres y madres más presentes, atendiendo a las pantallas que ponen en manos de sus hijos.




