La Escuela Normal Ramón J Cárcano prohibió el uso de dispositivos electrónicos durante toda la jornada escolar. Esta iniciativa busca mejorar el rendimiento académico y fortalecer los vínculos sociales entre el alumnado. Ya se notan los resultados.
Desde la rectoría de la Escuela Normal Ramón J Cárcano en Monte Caseros, una firme decisión marca el pulso del ciclo lectivo 2026: clases sin interferencias digitales.
Bajo la conducción de su rectora, Johana Dalzotto, la institución comenzó a implementar una normativa que exige que los celulares permanezcan apagados y guardados en las mochilas durante toda la jornada escolar, incluyendo recreos y horas de comedor.
Esta medida no surgió de un día para el otro. Fue un proceso de «trabajo minucioso» que comenzó a gestarse el año pasado en reuniones con docentes y que luego fue consensuado con las familias, dijo la rectora en diálogo radial.
DESTRATO DIGITAL

El motor principal fue la detección de lo que la rectora denomina «destrato digital»: conflictos que nacían en redes sociales, como WhatsApp o TikTok, donde se hostigaba a compañeros y cuyas secuencias terminaban afectando el clima del aula.
«La concentración se ve afectada totalmente teniendo un celular a la vista; gana la distracción siempre», explicó Dalzotto, quien también hace hincapié en la necesidad de combatir lo que ya percibe como una adicción en los adolescentes.
El protocolo indica que si un alumno utiliza el dispositivo sin autorización, este queda bajo llave en la rectoría hasta que el tutor responsable pase a retirarlo al día siguiente.
Aunque la rectora admite que existe una «resistencia total» por parte de los estudiantes, quienes luchan contra el impulso de chequear notificaciones o ver las redes sociales constantemente, los primeros resultados ya son visibles en la mejora de la convivencia y el vínculo cara a cara.
MERCEDES, LA PIONERA
Monte Caseros no está sola en esta cruzada educativa. La iniciativa tiene un antecedente exitoso en el Instituto Popular de Mercedes, donde más de 900 alumnos ya experimentan los beneficios de una escuela libre de celulares.
Para Dalzotto, quien también vive este desafío como madre de adolescentes, se trata de establecer límites necesarios para proteger la salud mental y garantizar «horas de calidad» en el aprendizaje.
«Buscamos que los chicos puedan reflexionar sobre el uso responsable y que estas horas en la escuela las podamos aprovechar», señala la docente.

