El domingo 26 de abril, Jornada del Buen Pastor, la Iglesia convoca a escala nacional a unirse para recordar la vida y el ministerio petrino del Papa Francisco, al cumplirse un año de su fallecimiento acaecido el Lunes de Pascua de 2025, 21 de abril, ocasión en la que se agradecerá a Dios su servicio como Pastor de la Iglesia.
Cada Diócesis de la Argentina se unirá a la celebración de la Jornada del Buen Pastor con distintas expresiones de oración y gratitud por la vida del primer Papa americano y precisamente llegado de la Argentina, «del fin del mundo», como él mismo lo dijo el día de su primera aparición en el balcón de la Basílica en el Vaticano al ser elegido Sucesor de San Pedro, el primer Papa de la Iglesia.
A un año de «su pascua», la Iglesia en la Argentina se reúne para hacer memoria agradecida de Francisco y su legado y renovar el compromiso misionero que marcó su Pontificado, tanto como su vida cuando fue Arzobispo de la Arquidiócesis de Buenos Aires.
MISA EN LUJÁN
EL MISMO 21
Previo a la jornada del domingo 26, en el marco de la 128ª Asamblea Plenaria, los obispos de la Argentina peregrinarán al Santuario de Nuestra Señora de Luján con la intención especial de celebrar la Santa Misa el martes 21 de abril a las 17, día del fallecimiento de Francisco, la que presidirá el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), monseñor Marcelo Colombo.
Los obispos invitan «a todo el Pueblo de Dios» a participar de esa celebración presencialmente o a través de la transmisión en redes sociales y el canal oficial en Youtube de la Basílica de Luján (@santuariodelujan), «para vivir juntos este tiempo de fe, gratitud y esperanza», resaltaron.
Un legado para toda persona de buena voluntad
Como EL LIBERTADOR informó el 17 de diciembre del año pasado, el día en que hubiese cumplido 89 años de edad, cabe recordar el legado del Papa Francisco que se centra en una Iglesia más cercana y pastoral, destacando su enfoque en la justicia social, la ecología (con la encíclica Laudato si’) y la inclusión de todos, como la comunidad Lgbtq+ con su famosa frase «quién soy yo para juzgar». Su pontificado, el primero de un Papa americano, se caracteriza por la sencillez, la humildad (gestos simbólicos como no cambiar sus zapatos el día de su elección), el diálogo interreligioso, reformas en la Curia vaticana y una fuerte voz global en temas de migrantes y paz, generando tanto apoyo como debate dentro de la Iglesia.
Aspectos clave de su Legado:
Cercanía y humildad: Rompió con formalidades, adoptando un estilo más «de a pie» y menos intelectual, con gestos simbólicos (cruz sencilla, zapatos negros) que lo conectaron con la gente común.
Justicia social y pobreza: Se convirtió en una voz moral global, defendiendo a los inmigrantes, denunciando la pobreza y la exclusión, y abogando por la dignidad humana.
Ecología y «Casa Común»: Su encíclica Laudato si’ elevó la protección ambiental y el cambio climático a un tema central para la Iglesia, un «manifiesto ecologista».
Inclusión y diálogo: Abrió la Iglesia a grupos marginados, incluyendo posturas más acogedoras hacia personas Lgbtq+ y promoviendo el rol de laicos y mujeres.
Reforma y apertura: Buscó reformas en la Curia y fomentó el diálogo, aunque esto generó tensiones con sectores más conservadores, buscando un equilibrio entre tradición y modernidad.
Liderazgo global: Como primer Papa no europeo y latinoamericano, ofreció una perspectiva diferente, convirtiéndose en un líder global y mediático, incluso a través de plataformas digitales.
Lucha contra abusos: Inició esfuerzos significativos contra la pedofilia, aunque aún queda trabajo pendiente en este tema.
En resumen, Francisco deja un legado de una Iglesia más fraterna, inclusiva y comprometida con los problemas del mundo, marcando un antes y un después en la institución católica.

