En una charla junto a el diario EL LIBERTADOR sobre la estética regional, la diseñadora de indumentaria y textil, Deborah Godoy Facal analizó cómo el calor extremo, las tradiciones del campo y la herencia familiar moldean el guardarropa local. Para la profesional, la vestimenta en nuestra provincia no cumple solo una función práctica, sino que también es una forma de comunicar pertenencia al territorio.

COMODIDAD
Al observar el movimiento diario en la ciudad, la profesional destacó una morfología de líneas rectas y una búsqueda incansable de la practicidad.
El estilo correntino es esencialmente tradicional y la comodidad es la prioridad absoluta para afrontar jornadas largas. Esta necesidad se traduce en un auge de prendas versátiles, especialmente en las mujeres que deben alternar múltiples tareas cotidianas, pero sin perder la esencia de elementos que nos distinguen del resto del país. En este sentido, la bombacha de campo y las alpargatas han dejado de ser exclusivos del ámbito rural para instalarse en las aulas y calles como símbolos de identidad y confort.
PAISAJE LOCAL
La paleta de colores de la región funciona como un reflejo directo de la geografía. Los tonos tierra y el cuero remiten al campo, mientras que el verde se asocia inevitablemente a la yerba mate y los colores nude aportan una necesaria sensación de frescura. Estas elecciones cromáticas conviven con siluetas holgadas que remiten a las vestimentas del baile folclórico, donde se prioriza el movimiento libre pero se mantiene una estructura lineal que define la identidad visual de la zona, marcando la cintura como un rasgo distintivo que une el pasado con el presente.

HERENCIA
La moda correntina también tiene una carga emocional profunda vinculada a la nostalgia. Existe una conexión íntima entre la arquitectura que cambia y los recuerdos de infancia que influyen en el diseño actual. La diseñadora evocó la imagen de las abuelas cosiendo para toda la familia y reparando prendas con dedicación en hogares donde el mate se preparaba con leña.
Para ella, esa cultura del cuidado y del tiempo artesanal se está transformando con la tecnología, pero permanece como el cimiento de nuestra sensibilidad estética actual.

OLA DE CALOR
El calor extremo y la humedad no son vistos como una limitación, sino como el punto de partida creativo. El clima condiciona no solo la estética, sino también la funcionalidad, impulsando la elección de textiles livianos. Vestirse en Corrientes es adaptarse al rigor climático sin dejar de expresarse, aprovechando momentos clave como la Fiesta Nacional del Chamamé y los carnavales. En estos eventos, el habitante local se viste para el encuentro con el otro, buscando verse bien y celebrar sus raíces en espacios de disfrute colectivo.
IDENTIDAD
Sobre la convivencia entre las tendencias internacionales y lo local, la diseñadora sostuvo que las redes sociales imponen ritmos que el correntino siempre termina reinterpretando. No se adopta lo global de forma literal, sino que se transforma para que tenga sentido en nuestro contexto térmico y cultural.
El desafío actual del sector es innovar desde la escucha del territorio, mejorando la funcionalidad y resignificando materiales en lugar de imponer modas ajenas a nuestra realidad.
Existe una necesidad creciente de que la ropa comunique valores personales y una historia propia, valorando más lo hecho localmente y lo artesanal. Para la entrevistada, aunque la tecnología y la inteligencia artificial sean herramientas presentes, el rol de crear y elegir quiénes queremos ser sigue siendo humano. En el vestir reside un poder simbólico maravilloso: el de expresar quiénes somos y de dónde venimos.

ERA TECNOLÓGICA
La creadora también le dedicó un momento a la refelxión en torno al uso de la tecnología en el día a día de los correntinos. Al respecto expresó que : «Actualmente con la presencia de lo que es la Inteligencia Artificial, que está al alcance de nuestra mano como en su momento eran los teléfonos celulares, es una herramienta pero sigue siendo nuestro trabajo el de crear prendas o readaptarlas, ya que somos nosotros quienes terminamos siendo que lo usamos».
A lo que luego agregó: «¿Quién mejor que nosotros mismos de poder elegir quién queremos ser? Tengo esperanza de que cada uno pueda entender el rol que ocupa el vestir desde lo simbólico y el maravilloso poder el que es: expresarse».
Para la entrevistada, aunque la tecnología y las herramientas digitales sean hoy parte de la vida cotidiana, el rol de crear y la decisión final de qué usar siguen siendo actos profundamente humanos. En definitiva, el vestir en Corrientes persiste como un poder simbólico maravilloso: la capacidad soberana de expresar quiénes somos, de dónde venimos y cómo elegimos habitar nuestro propio territorio.

