A finales de 1973 pasaban muchas cosas en Corrientes, por ejemplo, la detención y juicio de un hombre al que acusaban de ser un sátiro asesino que asoló la Capital provincial y que acaparó la atención pública. Pero eso no opacó que otro temor apareciera en las poblaciones que habitaban la frontera con Brasil, en la costa del río Uruguay. Casos reportados en el vecino país sobre ataques a campesinos reforzaron la leyenda urbana sobre bandas delictivas que robaban sangre para comercializarla en el mercado negro. Se los conoció como los «Vampiros de Blanco» y su sola mención en los diarios y periódicos de entonces hizo que muchas personas pensaran dos veces antes de deambular por las noches.
El 5 de diciembre de ese año, el diario Crónica publicó un llamativo titular en su sección de notas internacionales. «Vampiros humanos operan en Brasil, cerca de la frontera con Argentina». La noticia daba cuenta del trabajo de investigación que realizaba la Policía brasileña, a raíz de las denuncias de agricultores de varias ciudades del estado de Rio Grande do Sul.
Según esa noticia, lo que trataban de esclarecer los agentes era el accionar «de una extraña banda de asaltantes vampiros que ataca a punta de pistola y extrae la sangre de sus víctimas». «La actuación de los extraños maleantes tiene aterrorizados a los campesinos de la región», remarcaba el escrito.



ACCIONAR
Lo que se podía reconstruir a partir de los aportes que en ese entonces dio la Policía brasileña, describía un similar modus operandi por parte de estas temidas bandas delictivas. «Los bandidos usan delantales blancos y llevan jeringuillas y botellas para sacar sangre. Se agrega que dominan a sus víctimas, generalmente campesinos de la región, y a punta de pistola les extraen sangre, amenazándolos con matarlos si no cooperan», relataba la noticia.
Como suele ocurrir con esta clase de situaciones extrañas, pese a que se mencionaba que había innumerables denuncias, solo se habló de un hombre que se identificó como víctima de los «Vampiros de Blanco». Y, aun así, no había una certeza sobre su nombre real porque la nota lo señaló como «Mario Kotzz o Danilo Ketz».
Como sospechosos se apuntaba entonces a argentinos o uruguayos y esto, a causa de un dato en particular: «Los agricultores dicen que los bandidos hablan español y no portugués, dijo la Policía».
En esa nota se mencionaba una hipótesis sobre lo que se pensaba que estos «vampiros» hacían con la sangre. Y, lejos de consumirla como se esperaba de las criaturas mitológicas que abundan en cuentos y leyendas, en este caso, el destino del líquido vital sería algo mucho más terrenal.
«En las ciudades de la zona se especulaba que podrían estarlas vendiendo a hospitales particulares», anticipaba la publicación y cerraba en ese caso con un dato muy llamativo, aunque no ahondaron en él: «Según versiones, en el mercado negro los 350 gramos de sangre se venden a seis dólares».
UNA MUERTE
Y EL OLVIDO
La noticia de los vampiros cerca de Argentina causó revuelo en la frontera correntina por su extrañeza, pero también por reflotar el temor de ser las próximas víctimas de quienes operan amparados en la ilegalidad y la soledad de algunas zonas rurales.
Al día siguiente, en la edición del 6 de diciembre el mismo diario de alcance nacional publicó otra nota relacionada con esos extraños acontecimientos y, pese a que se mencionaba un hecho mucho más grave, el caso no volvió a retomarse por lo menos en lo que quedó de ese año. De todas formas, la paranoia ya estaba presente en la población.
«Vampiros de Blanco: asesinan a un niño», titularon en la misma sección de Internacionales. Pero en este caso y pese al crimen informado, la nota fue mucho menos extensa. Allí se relataba de manera escueta la repercusión por las denuncias de los campesinos que decían que les habían robado sangre en las localidades fronterizas.
Pero también se mencionó la existencia de una víctima fatal. Se trataba de un niño y en esa ocasión, la fuente de la información provenía de Montevideo. «Aparentemente, las cosas han ido muy lejos, al denunciarse que un niño de Porto Xavier falleció de anemia aguda cuando le extrajeron una cantidad exagerada de sangre», relataba la nota y no dieron más detalles sobre este supuesto crimen.
Así, las noticias sobre estos personajes oscuros dejaron de publicarse y la política, las tragedias policiales o el deporte, pasaron a ocupar las páginas de los periódicos.
Sobre el mito urbano de los «Vampiros de Blanco», cada tanto reaparece en alguna charla informal. Pero, como siempre, las versiones son de terceros o de rumores que se cuentan por lo bajo cuando se trata de advertir a alguien que no se quede solo hasta muy tarde en las calles.
Cercanía con la figura del Corpo-Seco
En Brasil, estas historias de personas que roban sangre a otras, se podía mezclar también con el personaje de una leyenda del folclore nacional: el Corpo-Seco. Se dice que se trata de un hombre condenado que no puede ir ni al cielo ni al infierno por haber agredido a su madre, un delito imperdonable para su cultura. Por eso, debe vagar por la tierra, alimentándose de sangre de los vivos para no desaparecer.
Se convirtió así en la versión brasileña del no muerto que consume sangre y de vez en cuando se lo vuelve a nombrar.
Un relato bastante conocido
Otro de los mitos urbanos más difundidos y a los que se puede vincular con los «Vampiros de Blanco», es la de la Trafic que secuestra personas. Este vehículo apareció en muchas notas periodísticas como una de las respuestas a la desaparición de niñas y niños durante mucho tiempo.
No se sabe a cierta cuál es el origen, pero está difundida en casi todo el mundo y es una de las más empleadas para asustar a los más pequeños y evitar que salgan solos a la calle, después del «hombre de la bolsa».
