El mes de marzo quedó marcado por una conmoción en el ámbito educativo de la Argentina tras registrarse dos incidentes fatales que expusieron las consecuencias más extremas del acoso escolar. Ambos sucesos, ocurridos en las provincias del Chaco y de Santa Fe, pusieron bajo la lupa la capacidad de respuesta de las instituciones y la urgencia de abordar la violencia entre pares.
El primer caso sucedió en la ciudad de Resistencia, donde el fallecimiento de Fernanda Almada, una joven de 18 años que cursaba sus estudios en la escuela de Educación Técnica N°16 Primero de Mayo, generó un fuerte impacto social. La muerte de la adolescente derivó en movilizaciones por parte de sus familiares, quienes denuncian que Fernanda era víctima de bullying.
Casi en paralelo, en la Escuela Normal Superior N°40 Mariano Moreno, ubicada en el departamento de San Cristóbal, provincia de Santa Fe, un alumno ingresó al establecimiento portando una escopeta. El ataque resultó en la muerte de uno de sus compañeros y dejó a otros dos adolescentes heridos. Según las primeras informaciones del caso, el agresor habría actuado tras haber sido víctima de reiterados episodios de acoso.
Respecto al tema, en declaraciones con EL LIBERTADOR, el médico psiquiatra Emilio Hidalgo (MP 3.082) enfatizó en que el acoso en las aulas ha dejado de ser un «problema de chicos» para transformarse en una urgencia social que demanda intervención inmediata. El especialista abordó sobre las señales que no podemos ignorar, el rol de la familia, la responsabilidad institucional y la era del ciberbullying.
¿Qué se considera bullying escolar y qué no?
-El bullying escolar es siempre una forma de violencia que, como el nombre indica, se da en la escuela, sostenida en el tiempo, se da entre pares, donde existe una intención de dañar, una repetición de conductas y un desequilibrio de poder. Incluye agresiones físicas, verbales, digitales. No es bullying un conflicto puntual, una pelea aislada o una discusión entre iguales. Tiene que ser algo que se sostenga a lo largo del tiempo donde haya asimetría de poder.
¿Hoy, hay más casos o hay mayor visibilización?
-Probablemente se den las dos cosas. Hay una mayor visibilización por la cantidad de campañas que hay, por las redes sociales que nos permiten identificar situaciones que antes eran como naturalizadas, pero también hay una magnificación de problema. El entorno digital amplifica y prolonga el acoso. Antes era solamente mientras iba a la escuela. Ahora el acoso digital es las 24 horas, los 7 días de la semana. Por lo que también puede haber un aumento real en la frecuencia y el alcance de estas conductas.
¿Qué indicadores tempranos permiten detectarlo?
-En general, los chicos que reciben bullying suelen tener retraimiento, tristeza persistente, ansiedad. Empieza a ver berrinches o rechazos a la hora de ir a la escuela, baja el rendimiento escolar, puede haber cambios en el sueño, en el apetito, puede haber pérdida o daños frecuentes de objetos, aislamiento social, pueden tener somatizaciones que le duele la cabeza o la panza. Es como que cambia completamente la conducta de lo que era ese chico hasta ese momento. Si el bullying es digital, puede haber una evitación del celular o también una angustia al tener que usarlo.
¿Cómo ayudar a quienes sufren bullying?
-Es clave escuchar sin juzgar, validar lo que sienten, no minimizarlo, no naturalizarlo, no decir «yo viví eso y me lo aguanté». Siempre tratando de evitar minimizar la situación. Hay que tratar de vendar un espacio seguro donde el chico pueda hablar de lo que sea sin recibir críticas. Hay que reforzarles la autoestima, asegurarles que no están solos. Y acá, ojo, es muy importante la institución por ahí tener protocolos adecuados y que vengan con un apoyo psicológico, pero también con un castigo de el que hace bullying. El silencio lo único que hace es perpetuar el daño. Entonces, tiene que haber una intervención con el chico, con la persona que hace bullying, con los familiares de la persona que hace bullying, pero también con los docentes tiene que haber algún tipo de actitud, digamos, de castigo, de amonestación cuando se identifican este tipo de conductas dentro de la escuela.
¿Cómo debe actuar una familia cuando detecta que su hijo es víctima?
-La familia tiene que escuchar, contener, no criticar, validar, no culpabilizar. Es decir, hay que escuchar mucho y hablar poco. Evitar respuestas impulsivas como confrontaciones directas con los otros padres o con el alumno que hace bullying. Hay que evitar ese tipo de contacto. Hay que comunicarse con la escuela para que hacer una denuncia de lo ocurrido y que eso se registre y de ser necesario buscar el apoyo profesional para nuestro hijo. Lo más importante es que el niño o el adolescente sienta que no está solo, que está acompañado y protegido por su familia.
¿Cómo se trata al agresor de la víctima?
-La víctima necesita contención, protección, fortalecimiento emocional, apoyo psicológico, apoyo de la familia, apoyo de la institución. El agresor, por su parte, no debe ser solamente castigado. Es decir, tiene que haber algún algo, una amonestación que lo echen de la escuela, que pase algo, pero también requiere una intervención y un abordaje psicológico. Detrás de esta conducta agresiva suele haber dificultad en la regulación emocional, trastornos de personalidad, problemas con la empatía o contextos muy problemáticos como una familia con padres golpeadores, por ejemplo.
¿Cómo debería ser la respuesta de la escuela?
-La actuación tiene que ser inmediata, tiene que haber una protección de la víctima, investigar lo ocurrido y tiene que haber un protocolo previo claramente enseñado a todos los docentes. Se tiene que involucrar a las dos familias, trabajar con el grupo, no solo con los implicados directos, hacer un seguimiento sostenido. Pero ojo, la respuesta tiene que ser firme, tiene que haber un castigo, tiene que haber una consecuencia, no puede quedar impune, digamos, alguna actitud de bullying que empiece a aparecer en la escuela.
¿Cómo influye el entorno digital?
-Ahí hablamos de cyberbullying y lo que hace es extender el acoso más allá de la escuela. Las 24 horas el alcance es mucho mayor, se viraliza rápidamente y deja huellas que son permanentes a lo largo del tiempo. Todos recordaremos personas que han sufrido bullying virtual desde hace 3 años y nos seguimos acordando de esos casos. El anonimato relativo del que hace bullying, la falta de supervisión, la distancia con el chico que es violentado, aumentan la crueldad y disminuye la empatía. Es fácil decir cosas muy hirientes al otro a través de la computadora, algo que probablemente no se haga en persona.

