Al menos seis mujeres de distintas localidades de Misiones denunciaron haber sido víctimas de una estafa con falsas ofertas laborales en el sur de Brasil. Los casos se registraron en Leandro N. Alem, Oberá y Olegario V. Andrade, y exponen una modalidad delictiva que se aprovecha de la necesidad económica y el deseo de conseguir un ingreso digno fuera del país.
Según relataron las damnificadas, el contacto se inició a través de publicaciones en Facebook donde se ofrecían empleos rurales en la cosecha de manzana y uva en zonas como Vacaria y la Serra Gaúcha. Las propuestas prometían sueldos de hasta 4.000 reales, además de comida y alojamiento incluidos, condiciones que resultaron irresistibles para muchas familias.
Sin embargo, antes de concretar el supuesto viaje, los organizadores exigían transferencias de dinero para cubrir “trámites de contratación”, seguros y gastos de traslado. Una vez realizado el pago, los contactos desaparecían: bloqueaban a las víctimas en redes sociales y dejaban de responder mensajes y llamadas.
La necesidad como carnada
El cruce de trabajadores argentinos (más que nada misioneros) hacia Brasil para tareas temporarias no es un fenómeno nuevo. Cada temporada de cosecha moviliza a cientos de personas que buscan mejores ingresos del otro lado de la frontera. Pero este verano, marcado por la recesión, la caída del empleo informal y la falta de oportunidades bien remuneradas en la provincia, el flujo creció de manera notoria.
Ese contexto fue el terreno ideal para que operara esta red de estafadores digitales. Las falsas ofertas estaban dirigidas especialmente a personas en situación vulnerable, muchas de ellas sostén de hogar, que veían en ese viaje una salida urgente a deudas y carencias básicas.
“Nos quedamos sin el pan y sin la torta”, resumió una de las mujeres afectadas al describir la frustración de perder sus ahorros y, al mismo tiempo, la posibilidad de viajar a trabajar.
El daño no es solo económico
Además del perjuicio monetario —que en algunos casos representa los últimos recursos de la familia—, el impacto emocional es profundo. Las víctimas hablaron de angustia, vergüenza y culpa por haber confiado, sentimientos que suelen dificultar incluso la decisión de denunciar.
Especialistas advierten que este tipo de maniobras combina técnicas de manipulación emocional con urgencia económica: los estafadores presionan para que las transferencias se hagan rápido, con el argumento de que “quedan pocos cupos” o que la cosecha “empieza ya”.
Recomendaciones y alertas
Autoridades locales y organismos que trabajan con migrantes recuerdan que ningún empleador legítimo debería exigir pagos previos para acceder a un trabajo. Los trámites migratorios y laborales son personales, y deben realizarse por canales oficiales o con asesoramiento de instituciones reconocidas.
También recomiendan desconfiar de ofertas que circulan únicamente por redes sociales, verificar la existencia real de las empresas, no enviar fotos de documentos a desconocidos y, ante cualquier duda, consultar en comisarías, oficinas de empleo o consulados.
Mientras el éxodo de trabajadores misioneros hacia Brasil continúa siendo una alternativa económica para muchas familias, estas estafas dejan al descubierto una de las caras más crudas de la crisis: la explotación de la necesidad ajena mediante delitos digitales que, en muchos casos, se cometen desde el anonimato y la impunidad.

