Las fotos hablan por sí mismas. Ahora hace falta que hablen los jueces frente a una comunidad que no sale de su asombro. El hecho ocurrió hace diez días; hasta ayer, el agresor no había sido detenido.
20-CONTRATAPA-4La ciudad de Mercedes se encuentra bajo un clima de profunda consternación tras un ataque que evidencia una degradación extrema de la convivencia urbana.
Matías, un niño de apenas 11 años, salió de su casa en el barrio San Martín para realizar un mandado cotidiano junto a su hermano mayor cuando fue interceptado por dos sujetos.
Lo que comenzó con insultos y pedradas derivó en una agresión salvaje: los atacantes utilizaron un «cinto de piñón» -una herramienta artesanal con un engranaje metálico en el extremo- para golpear al menor directamente en la cabeza.
El impacto fue devastador. El niño sufrió un hundimiento de cráneo que requirió su traslado urgente a la ciudad de Corrientes para una intervención de neurocirugía en el hospital pediátrico Juan Pablo II.
El resultado de la agresión quedó marcado en su cuerpo con una cicatriz de 51 puntos de sutura.
Para el doctor Gauna, abogado de la familia con casi tres décadas en el fuero penal, la saña del hecho no tiene precedentes: «He visto agresiones de todo tipo, pero nunca una lesión de esta envergadura en un niño», expresó el letrado, en diálogo con el programa La Otra Campana, que se emite simultáneamente por LT7 radio Corrientes y LT25 radio Guaraní de Curuzú Cuatiá.
A pesar de la gravedad del cuadro, que puso en riesgo la vida de Matías, el Ministerio Público Fiscal ha caratulado el expediente como «lesiones leves», una tipificación que la querella considera «laxa» y totalmente alejada de la realidad clínica del menor, expresaron al periodista Gustavo Adolfo Ojeda.
A esta cuestionable calificación se le suma una mora judicial preocupante: el examen médico forense recién se realizó una semana después del ataque, cuando las heridas ya estaban en proceso de cicatrización, lo que dificulta la pericia técnica.
Los médicos han advertido sobre el riesgo de mareos o ataques si Matías realiza esfuerzos, lo que ha transformado la dinámica de una familia «laburante» que se dedica históricamente a la preparación de tierra y cosecha.
DOLOR Y DESESPERACIÓN
Hoy, la vida de Matías y su familia -históricamente dedicada al trabajo en las arroceras- se ha detenido.
El niño no puede asistir a clases, jugar con sus cinco hermanos ni realizar esfuerzos físicos por riesgo a sufrir mareos o ataques neurológicos.
«Él está dentro de todo bien, acá sentado con nosotros. Eso es lo único que puede hacer», relató Cecilia, su madre, reflejando la dolorosa convalecencia de un niño que ha perdido su cotidianeidad.
El escenario se agrava por el clima de impunidad y temor. El agresor, aunque está plenamente identificado en el legajo, continúa en libertad.
Mientras tanto, la familia denunció haber visto a personas sospechosas tomando fotografías de su vivienda desde el monte, lo que ha generado el temor de represalias o ataques incendiarios.
Mientras la Justicia correntina se toma sus tiempos procesales, en el barrio San Martín prima una sola certeza: la vulnerabilidad de un niño cuya vida fue marcada para siempre por un golpe de hierro.
La familia del niño atacado solo pide una cosa: que los culpables, incluso si uno de ellos es menor de edad, paguen por lo que hicieron. «Hoy le tocó a Matías, mañana puede ser cualquier chico», advirtió su tío, reflejando el sentimiento de inseguridad que hoy impera en el barrio San Martín.

