Por Noelia Irene Barrios
EL LIBERTADOR
En los últimos días, el nombre de uno de los seres más tenebrosos y respetados de la mitología guaraní volvió a resonar en algunos medios. Se trata de La Pora y es que, el Banco de Corrientes adquirió una obra con ese nombre, creación de la artista mercedeña Josefina Madariaga. La representación de cinco metros de largo fue también una de las principales atracciones de la reciente edición del ArteCo y esto se debió tanto a su calidad como al hecho de reavivar una de las leyendas más arraigadas en la cultura regional.
Pero, ¿qué vendría a ser La Pora y por qué las personas mayores le tiene tanto miedo y respeto? En Leyendas y supersticiones del Iberá, el poeta e investigador alvearense, Guillermo Perkins Hidalgo reseñaba: «El vocablo Pora significa en guaraní ‘duende o fantasma’, como Ypora (fantasma del agua) y caa pora (fantasma del bosque). El pora es el alma, el espíritu, el hálito, la sombra o la esencia del Mal o del Bien, lo demoníaco o lo santo que entra en un cuerpo cualquiera, que se posesiona de una planta, de una piedra o de un pájaro, por ejemplo, para fijar su naturaleza dominante».
De la misma forma, en Seres mitológicos argentinos, el escritor y antropólogo, Adolfo Colombres explica que es un «ánima, por lo general maligna y nefasta de la región guaraní». Y agrega: «Se dice que el angá (aliento, soplo o alma) de los que mueren se transforma en Póra y ronda, invisible, los sitios que le son familiares, como un alma en pena, sembrando el pavor y aun la muerte, en especial durante las noches de los lunes y viernes de luna llena…».
«Decía también el autor que para evitarla se colocan monedas en la cruz más próxima, para que el ánima pueda ir pagando la deuda que contrajo con el Diablo, de quien recibió su poder, para librarse un día de él y alcanzar la protección de Dios».
RELATOS
Otra reconocida folcloróloga, Berta Vidal de Battini, recogió relatos de habitantes del Interior de Corrientes sobre esta figura y dejó registro de ellos en los tomos 7 y 8 de su libro Cuentos y leyendas populares de la Argentina.
«La Porá es un espíritu que cuida las plantas y ataca al que quiere ofenderlo. Vive en el ombú y en la higuera. La Pora se acerca a los ranchos, para hacer mal. Pero para que no haga mal, no hay que contestarle cuando dice: ‘Buen día’. Hay que quedar callado, entonces la Pora pasa», contaba en 1946 Máxima Duarte, una habitante de Esquina que entonces tenía 61 años.
Otro entrevistado por la investigadora fue Secundino Ferreyra, un hombre de 57 años, habitante de la Isla Apipé Grande. Él le relató en 1959 su testimonio sobre una Pora que aseguró vivía en un árbol. «Dice que el guapoí (higuera) tiene una fantasma blanco, que sale a aforrar todo el árbol. A la oración sale. Uno se asusta cuando ve. Y se asusta y puede caerse. Y puede enloquecerse. La fantasma no habla. Y muchas personas me dicen que es Pora, que hay ahí. La Pora es una ilusión que sale de una planta. Pero es malo. Es como un espíritu malo que tiene alguna planta. Todos saben que La Pora puede matar y puede enloquecer si le persigue a una persona», dijo.
Herencia de tiempos ancestrales, La Pora sigue presente en montes, campos y lagunas. Su figura es una advertencia del cuidado de la naturaleza y del respeto por los que ya no están. Y es por eso que cada tanto reaparece en el relato popular o como manifestación artística en una obra que provoca admiración en una muestra de rango internacional.

