Por Alcides Eduardo Hernández *
Si bien en casos muy aislados algún miembro no honra el uniforme, la institución policial de la provincia de Corrientes debe sentir el orgullo de quienes la integran, los ciudadanos deben sentir la satisfacción de tener a esos servidores que velan por ellos, a riesgo incluso de sus propias vidas.
Y como dice el refrán popular que indica que un pequeño ejemplo es suficiente para demostrar o entender la calidad o característica de un todo, «para muestra vale un botón», debe decirse que hay centenares de muestras en cada lugar donde les asignan para cumplir una misión.
El riesgo de una visión ciudadana superficial es que se los considere robots, máquinas, carentes de alma y sensibilidad, entes sin familias carentes de problemas -como varios también suelen considerar o al menos tratar a los médicos-, y no es así. Son personas, con almas, pasibles de enfermarse cuando el calor recocina la tierra y el pavimento en los tórridos veranos de la región o acecha el frío con bajísimas temperaturas ¡Sí! Pueden engriparse como todos ¡Sí! ¡Son seres humanos! Y sienten tristezas y pesadumbre física o moral. Y, seguro con defectos y vicisitudes familiares, pero más seguro aún con conductas intachables y virtudes que se evidencian en la cotidianeidad de sus vidas.
Y como todos, la pelean día a día a la crisis económica gravísima que nuestros políticos -a quienes se les delegó la administración del país o provincias- «nos supieron conseguir». No precisamente del «sean eternos los laureles que supimos conseguir», de la frase icónica del Himno Nacional Argentino.
UNA MUESTRA
Por eso, vale para muestra de la calidad de los policías, de cualquiera de sus camaradas o camada, amerita resaltar el comportamiento y labor de quienes hace no mucho tiempo estuvieron asignados en la esquina de calles 9 de Julio y Paraguay de la ciudad de Corrientes, Daiana Valenzuela y Juan Godoy; hoy con la asignación en la calle Pellegrini y Paraguay. Ambos jóvenes policías denotan el alto nivel de su formación y que a quienes pintamos las famosas canas por el paso de los años, su servicio nos trajo a la memoria -agradecida- del policía amigo del vecino, atento, con toda la estirpe del servidor público, que va desde el saludo cordial a ayudar con diligencia a cruzar la calle a quien, como en el caso del que firma esta nota, padece de impedimento para una movilidad normal.
Y HAY MÁS
En una apuesta que trasciende lo operativo y pone en el centro a las personas, en la Policía Rural y Ecológica se impulsa una capacitación en Lengua de Señas para su personal, incorporando una herramienta clave para acercarse aún más a la comunidad.
El primer puntapié en la formación se desarrolla en conjunto con la Municipalidad de Caá Catí, que permitió a los efectivos de la Unidad Especial de Policía Rural con asiento en la localidad, aprender a comunicarse con personas con discapacidad auditiva, derribando barreras históricas y generando un vínculo más humano, directo y respetuoso en cada intervención, publicó en su Facebook Luis Dalmacio, que amerita difundirse por todos los medios, sin excepción.
Desde la fuerza remarcaron que ser policía no es solo prevenir y actuar, sino también saber escuchar, comprender y estar presentes para todos. Porque cuando la vocación es genuina, la inclusión deja de ser un concepto y se convierte en acción concreta.
COMO YA SE DIJO
En la edición de EL LIBERTADOR del domingo 18 de enero, se escribió entonces sobre la conducta de personas honorables que conforman la familia policial, de lo que aún lamentamos no saber el nombre de quienes se mencionó en esa ocasión, nota que vale recordar de manera más sintética.
Se escribió allí que cuando el calor correntino ataca con furia a las agobiadas personas, una pareja de funcionarios policiales que vela por la seguridad de los vecinos, realizaron un acto que ennoblece a la Policía de los correntinos, nada menos que compartir con una mujer y un niño de su propia agua, la que les ayuda a pasar horas de pie en el cuidado de ciudadanos y bienes.
Las imágenes fueron captadas por un ocasional automovilista… Fue en la intersección de la avenida Poncho Verde y calle Paraguay en la ciudad de Corrientes, publicó en su Facebook Cdn Ctes.
La mujer adulta mayor y el nene de corta edad juntaban botellas de plástico mientras el sol elevaba la temperatura al máximo valor pronosticado en esa jornada, el lunes 5 de enero.
Cabe mencionar que el líquido tan vital para situaciones como esa, se encontraba en el termo que llevaban los solidarios efectivos. El gesto fue agradecido con hondo sentimiento por los ocasionales convidados que prosiguieron su labor de recolectar botellas descartables.
No se debe dejar de destacar que desde diciembre se distribuyó a personal de la institución en distintos sectores de la ciudad, quienes deben prestar ese servicio invaluable en la comunidad, comunidad que debe corresponderles con el respeto y expresarles su disposición para lo que pudieran necesitar también ellos, que no son robots y merecen la cordialidad y generosidad de los vecinos donde se encuentren con su tarea.
Humanizarse, se dice; si se es cristiano, más aún.
- Comunicador Social
Católico; diario
EL LIBERTADOR

