Corrientes no olvida; no puede hacerlo porque su historia está forjada a caballo, a punta de lanza y, en el último tramo del siglo XX, con la entrega de aquellos jóvenes que cambiaron el calor del pago por el turbal frío de las islas.
Este fin de semana, ese hilo invisible que une el pasado de gloria y dolor con el presente de constante vigilia volverá a tensarse en Mburucuyá, la tierra de la tradición, que vestirá sus mejores galas para ser esde del Congreso Provincial de Ex Combatientes de Malvinas y en una día tan caro el sentimiento religioso de su identidad, como lo es hoy la fiesta patronal de San Antonio de Padua.
El encuentro, que se iniciará en la mañana con una caravana a partir de las 9.30 desde el Centro de Informes Turísticos, que congregará a delegaciones de los diferentes Centros de Ex Combatientes de la provincia, trasciende la mera formalidad de una asamblea. Aquí, donde el chamamé se cuida en su pureza más absoluta, la reunión de los veteranos adquiere una dimensión mitológica. Es el reencuentro de una hermandad nacida en las trincheras, pero también es un acto de reafirmación soberana en tiempos donde la memoria colectiva exige ser custodiada con celo.
EL EPICENTRO DE LA CORRENTINIDAD
Elegir a Mburucuyá como sede no es un hecho fortuito. Hay una sintonía fina entre la idiosincrasia del pueblo y el espíritu del soldado correntino. El paisaje de lagunas y palmares, que inspiró las páginas más bellas de la música regional, sirvió de refugio espiritual en las islas a través del recuerdo. Para el correntino, la patria chica se defiende cantando, pero también con el cuerpo, un legado heredado de las huestes de San Martín y de los Cazadores Correntinos.
Durante la jornada de este fin de semana, se debatirán cuestiones centrales para el sector: el estado de las prestaciones de salud, el avance de los centros de interpretación que la Provincia viene inaugurando en cada localidad y los proyectos educativos para que la causa Malvinas no pierda vigencia en las aulas.
Sin embargo, el verdadero pulso del Congreso latirá en las calles del pueblo, en los abrazos postergados y en esas guitarreadas que, inevitablemente, brotarán al caer el sol. Porque en Corrientes, el dolor de la guerra y el orgullo de la entrega se traducen en un sapucay y en un chamamé que sana.
«Este congreso en Mburucuyá demuestra que la causa Malvinas en Corrientes es una política de Estado, pero por sobre todas las cosas, un sentimiento vivo en el pueblo», confiaron los organizadores.
CUSTODIOS DE LA SOBERANÍA
A más de cuatro décadas de la gesta de 1982, los ex combatientes correntinos han logrado algo inédito en el país: transformar el proceso de «desmalvinización» de la postguerra en un movimiento de orgullo comunitario. Hoy, peinando canas pero con la mirada firme, siguen siendo los guardianes de una memoria que se niega a ser archivada.
Mburucuyá abrirá sus puertas y su corazón. Este sábado será propicio para el debate institucional, pero fundamentalmente para el homenaje. En cada rincón de la localidad resonará el eco de un reclamo justo y el agradecimiento eterno a una generación que demostró, con creces, de qué madera está hecho el ser correntino y muchos de ellos, aferrados a la Fe que les legaron sus mayores.

