En un final para “alquilar balcones” que mantuvo en vilo al país y al mundo, Luiz Inácio Lula da Silva se impuso “por una cabeza” en la segunda vuelta presidencial frente al senador Flávio Bolsonaro. Con la elección matemáticamente definida al computarse el 99,79% de las secciones (498.188 mesas totalizadas), Lula alcanzó el 51,76% (64.092.177 votos) frente al 48,24% (59.734.450 votos) cosechado por el candidato del Partido Liberal (PL). El desenlace confirmó el pronóstico de empate técnico de las encuestas previas y consagró al mandatario de 80 años como el primer postulante desde el restablecimiento de los comicios directos en 1989 capaz de ganar un balotaje tras haber quedado rezagado en la primera vuelta del 4 de octubre.
La definición de los comicios para más de 158 millones de electores habilitados estuvo signada por un clima de extrema tirantez política, acusaciones cruzadas y serias desprolijidades organizativas. Durante la tarde, tras sufragar en São Bernardo do Campo acompañado por su esposa Rosângela da Silva, el vicepresidente Geraldo Alckmin y las exministras Marina Silva y Simone Tebet, Lula formuló duras declaraciones frente a su vivienda en San Pablo. El jefe de Estado denunció una maniobra deliberada para frenar el sufragio popular mediante el recorte de casi el 40% de la flota de autobuses en San Pablo y de más de la mitad del servicio en Salvador de Bahía, plazas decisivas para su caudal electoral. El conflicto desató una crisis judicial cuando el magistrado Maurício Kertzman Szporer, presidente del Tribunal Regional Electoral de Bahía (TRE-BA), ordenó la captura en flagrancia del secretario de Movilidad de Salvador, Pablo Souza, quien se hallaba fuera del país en París.
En respuesta a la emergencia en el transporte, el magistrado del Supremo Tribunal Federal (STF) y del TSE, Cristiano Zanin, decretó pasadas las 17:00 una prórroga extraordinaria de dos horas en todo el territorio nacional, extendiendo el cierre hasta las 19:00. Sin embargo, la resolución generó un enorme desconcierto operativo en cientos de escuelas donde las mesas ya habían culminado las votaciones a las 17:00, emitido sus cinco copias del Boletín de Urna (BU) reglamentario e iniciado el traslado de las urnas electrónicas a los Tribunales Regionales. Dado que los dispositivos electrónicos sellados tienen impedida su reapertura técnica, el STF y el TSE debieron aclarar de urgencia que la extensión horaria solo beneficiaba a los votantes que permanecían en fila dentro de los centros abiertos.
A la par de los reclamos del oficialismo, el equipo de campaña de Flávio Bolsonaro también había solicitado formalmente ante el presidente del TSE, Kassio Nunes Marques, postergar la votación hasta las 19:00 en 17 municipios de San Pablo, Paraná y Santa Catarina azotados por severas tormentas. Las primeras difusiones del escrutinio arrancaron con fuerte incertidumbre: a las 17:44 se divulgaron datos con el 0,25% de las mesas, pero la divulgación se frenó por la prórroga; al reanudarse a las 19:00, el recuento parcial ubicaba a Lula adelante con el 51,65% contra el 48,35% con un 2,24% computado. Con el transcurrir de las horas, los seguidores de Bolsonaro se congregaron en el condominio Vivendas da Barra en Río de Janeiro a la espera de un cambio de tendencia que finalmente no alcanzó.
Pese a la consolidación del escrutinio en el sistema oficial del TSE, la contienda dista de apaciguarse. El candidato opositor denunció una maniobra del Gobierno en connivencia con un sector de la Justicia e insiste en la posibilidad de impugnar o invalidar el resultado comicial. De este modo, la última palabra y la pulseada decisiva se trasladarán a la Corte Suprema de Brasil. En el plano internacional, el apretado triunfo de Lula produce un impacto inmediato en el tablero regional: para la Argentina, la victoria del líder del PT le permite afianzarse como el principal interlocutor de referencia frente a los Estados Unidos, una posición estratégica que hubiera cedido en caso de una victoria de Bolsonaro.

