En el transcurso del mes de marzo de 2026, el sector minorista pyme a nivel nacional registró un descenso del 0,6 por ciento interanual medido a valores constantes. A su vez, la variación comercial mensual experimentó una caída del 0,4 por ciento en comparación directa con las cifras obtenidas durante el mes de febrero.
Tras confirmarse estos índices, el indicador acumula una retracción general del 3,6 por ciento en lo que va del corriente año. La evaluación pormenorizada del período terminó por validar una tendencia contractiva en la actividad de los comercios, dejando a cinco de los siete rubros relevados con números en terreno negativo.
En sentido opuesto a la caída generalizada, el segmento de ferretería, materiales eléctricos y de la construcción logró traccionar ventas hasta alcanzar un crecimiento del 2 por ciento en la comparación interanual. Este impulso estuvo fuertemente marcado por el inicio de la temporada de impermeabilización y las reparaciones preventivas del hogar tras finalizar el período estival.
Pese a evidenciarse una desaceleración concreta en las grandes obras, el rubro ferretero sostuvo su volumen de operaciones comercializando insumos críticos y soluciones de mantenimiento básico. Sin embargo, los propietarios notaron una alta frecuencia de pedidos de presupuestos previos antes de lograr finalizar las transacciones.
A la par, el rubro de farmacia acompañó esta alza registrando un incremento del 1,1 por ciento interanual. La estacionalidad provocada por los primeros fríos del año y el comienzo del ciclo lectivo impulsaron firmemente la demanda de medicamentos antigripales y artículos de cuidado específico.
No obstante, el escenario farmacéutico no estuvo exento de complicaciones. Los profesionales debieron lidiar con importantes demoras en los reintegros de las obras sociales y observaron una marcada inclinación de los pacientes hacia los medicamentos genéricos. Además, reportaron un estancamiento en las ventas de categorías no esenciales como perfumería y cosmética, frenadas por las subas en los precios de lista.
El impacto de la coyuntura económica se sintió con mayor crudeza en el sector de la perfumería en general, que lideró las pérdidas con una contundente caída del 9,8 por ciento interanual y una baja del 2,7 por ciento frente al mes anterior. La inflación específica dentro de este rubro actuó como un bloqueador directo para los consumidores.
Ante este escenario, las familias postergaron la compra de bienes suntuarios o estéticos para priorizar únicamente artículos de higiene básica. Esto derivó en una notable reducción del volumen de unidades comercializadas en los locales físicos de perfumería, que si bien encontraron cierto movimiento positivo en los canales digitales, se mantienen profundamente afectados por la pérdida del poder adquisitivo.
Un panorama similar atravesó el sector de bazar, decoración, textiles de hogar y muebles, el cual se contrajo un 8,3 por ciento respecto al mismo período del año anterior. Frente a la erosión de los ingresos reales, las familias priorizaron gastos escolares y de subsistencia, lo que postergó cualquier renovación de mobiliario.
Como consecuencia de esta pérdida de ingresos, el consumo en los bazares se limitó a elementos de muy bajo costo unitario. A esta situación se le sumó el hecho de que los vendedores tradicionales debieron enfrentar una fuerte competencia proveniente de canales informales y comercios de bajo precio.
El rubro de alimentos y bebidas, eje fundamental del consumo esencial, tampoco escapó a la tendencia contractiva y cerró marzo con una baja del 0,9 por ciento interanual. Los comerciantes señalaron que los fuertes aumentos de precios registrados en las carnes y en los productos frescos redujeron inevitablemente el volumen físico de compras por ticket.
Ante un cliente con un comportamiento de compra fraccionado y sumamente cauteloso, sujeto a la disponibilidad de dinero, los supermercados y locales de proximidad priorizaron los productos básicos y vieron una masiva migración hacia las segundas marcas.
Por su parte, la indumentaria y el calzado mostraron contracciones un poco más moderadas. El segmento de calzado y marroquinería tuvo una retracción mínima del 0,1 por ciento interanual. Este sector fue impulsado positivamente por la afluencia turística del feriado por el Día de la Memoria y la compra obligada de calzado cerrado por el recambio de temporada escolar. Sin embargo, la reducción del poder adquisitivo hizo que los clientes optaran decididamente por artículos de bajo costo o saldos de liquidación.
Finalmente, el área de textil e indumentaria reflejó una caída marginal del 0,4 por ciento interanual. Aunque la venta de uniformes colegiales y prendas de abrigo traccionó movimiento en los probadores, la concentración del gasto en otras necesidades básicas obligó a los comercios a sostener sus ingresos rotando inventario remanente del verano a través de marcadas políticas de liquidación.
A nivel estructural, un factor transversal en todos los rubros económicos relevados fue el incremento sostenido en los costos de los servicios públicos, impuestos y gastos de logística. Esta variable continuó erosionando y afectando peligrosamente los márgenes de rentabilidad directa de las pymes en todos sus locales físicos.
Para lograr concretar las transacciones y sostener los niveles de demanda en el mostrador, la utilización de tarjetas de crédito y las promociones o financiamientos bancarios se consagraron como recursos de supervivencia indispensables en todo el tejido comercial.
En este contexto económico generalizado, el 50,8 por ciento de los establecimientos reportó una situación de estabilidad frente a marzo del año anterior. Sin embargo, esta cifra refleja una caída respecto a meses previos, volcando la diferencia hacia un preocupante 42,2 por ciento de los comercios que confesó que su escenario empeoró en comparación con el mismo mes del año previo.
Con la mirada puesta en el futuro, el 48 por ciento de los comerciantes y emprendedores consultados proyecta que sus niveles de ventas se mantendrán iguales dentro de un año. Mientras tanto, a la hora de evaluar el clima actual de negocios, el 59,1 por ciento afirma con contundencia que el momento presente no califica como un escenario apto para arriesgarse a realizar nuevos desembolsos o inversiones.

