En el teatro de operaciones del conflicto bélico de 1982, la actuación de la Prefectura Naval Argentina dejó páginas de valor extremo que aún pugnan por su justo reconocimiento en la historiografía militar.
Entre esos episodios se destaca la acción protagonizada por el Ayudante Mayor (Suboficial Mayor) José Raúl Ibáñez, un correntino a bordo del Guardacostas PGC-83 «Río Iguazú».
Portador de la máxima condecoración otorgada por el país, «La Nación Argentina al Heroico Valor en Combate», Ibáñez evocó ante EL LIBERTADOR el combate en el que enfrentó a la aviación enemiga en medio de un severo ataque cruzado.

Aquel día de 1982, el puesto de combate de Ibáñez no se encontraba en la cubierta principal, sino en la sala de máquinas del guardacostas, donde cumplía funciones junto a su compañero de guardia.
Durante la arremetida de las aeronaves atacantes, la embarcación sufrió una avería de gravedad que provocó una masiva e ininterrumpida vía de agua en el compartimento.
Pese a poner en marcha de inmediato las bombas de achique, la capacidad de bombeo resultó insuficiente ante el volúmen de agua que ingresaba al casco.
Ante el riesgo inminente, Ibáñez utilizó el intercomunicador para reportar la situación al puente de mando.
Del otro lado de la línea, el capitán Olmedo le impartió la orden decisiva: abandonar la sala de máquinas y encallar la embarcación contra la costa.
COMBATE
Al iniciar el ascenso por la escala de la sala de máquinas, el panorama en la cubierta superior era crítico.
Dos aviones enemigos cargaban en picada contra la posición de la unidad argentina. En ese instante de máxima tensión, el suboficial Vaccaro le urgió a gritos tomar la iniciativa defensiva.
En la posición de tiro yacía mortalmente herido su compañero de máquinas, el cabo segundo Julio Omar Benítez, quien había caído combatiendo al pie de la pieza de artillería durante la primera pasada de los cazas enemigos.
Sin dudarlo, Ibáñez corrió el cuerpo de su camarada y asumió la responsabilidad de operar el arma defensiva.
Con la nave enemiga enfilando directamente hacia la estela trazada por el guardacostas, Ibáñez abrió fuego de inmediato con la ametralladora calibre 12,7 mm.
La ráfaga asestó impactos directos en la aeronave atacante, la cual comenzó a alargar una densa estela de humo mientras se alejaba del sector.
Mientras Ibáñez mantenía el fuego, la maniobra dispuesta desde el puente permitió que el Guardacostas 83 encallara e implicara sobre la línea de costa.
Desde su posición, el suboficial observó cómo la segunda aeronave enemiga amagó a la distancia, pero ante la respuesta del guardacostas y la situación en la zona, optó por retirarse.
El saldo del combate dejó la dolorosa pérdida del cabo segundo Benítez, pero la acción combinada permitió salvar al resto de la tripulación y neutralizar la incursión aérea.

