El desbordamiento simultáneo del Paraná y del Uruguay puso a prueba la capacidad de respuesta del Estado provincial y de los municipios ribereños. Mientras el gobernador Juan Pablo Valdés encabeza en el terreno despliegues preventivos y de supervisión de tareas junto a una amplia red de instituciones, los datos hidrométricos de Prefectura, Yacyretá y Google confirman que el fenómeno climático recién comienza y ya golpea de lleno al corazón productivo del campo correntino.
02-POLITICA-ok 03-POLITICA-okPor Jaime Meza
Coordinador Multiplataforma
Al cerrar esta edición de EL LIBERTADOR, el mapa de la provincia de Corrientes exhibía una tensión geográfica que se conoce de memoria en la historia reciente, aunque con matices inéditos que obligan a una lectura política, social y económica mucho más fina. Se está ante una presión simultánea sobre las dos grandes fronteras líquidas de la provincia. Tanto el río Paraná -al Norte y al Oeste- como el río Uruguay sobre el flanco oriental han superado sus marcas críticas en varios puertos estratégicos, empujados por lluvias extraordinarias en las cuencas altas del Brasil y el Paraguay que multiplicaron por cinco los pronósticos iniciales sobre el Iguazú.
El síntoma más evidente de que la emergencia ha cambiado de escala se vivió este sábado en la propia Capital correntina. El hidrómetro local alcanzó los 6,64 metros, perforando la barrera de los 6,50 metros que obliga a la Prefectura Naval Argentina a activar formalmente la etapa de alerta del Plan de Inundaciones.
Ya no se trata únicamente de una preocupación lejana en las islas del Norte o en los pasos fronterizos del Este. El manto marrón del Paraná sepultó por completo las playas capitalinas a pocas semanas del inicio de la temporada estival, golpea directamente contra las barandas peatonales en Punta San Sebastián, mantiene en vilo a los voluntarios que cuidan el refugio de gatos en la Costanera e invadió el tradicional sector de parrillas del Club de Regatas Corrientes.
Sin embargo, reducir este fenómeno a una postal urbana sería un error de diagnóstico grave. Lo que las aguas traen desde el Norte es el primer capítulo formal del fenómeno de El Niño, una anomalía climática que, según advirtió con crudeza el director de Defensa Civil de la Provincia en los últimos días, Bruno Lovison, mostrará su rostro más severo entre noviembre y marzo, con proyecciones científicas que estiran su permanencia hasta el segundo trimestre de 2027.
LA POLÍTICA DE LA ANTICIPACIÓN Y EN EL TERRENO
En las crisis socioambientales de gran magnitud, la diferencia entre el desastre descontrolado y la contención ordenada suele medirse en semanas de anticipación. En ese tablero debe leerse la estrategia adoptada por el gobernador Juan Pablo Valdés y su Gabinete.
Lejos de esperar a que el agua golpeara las puertas de los centros urbanos para reaccionar, el Ejecutivo provincial activó de manera temprana el Comando Operativo de Emergencia y diseñó un esquema de mitigación que combina obra pública previa, logística ministerial y presencia política directa en el barro y en las costas.
En apenas 72 horas, Valdés marcó la agenda de la gestión recorriendo personalmente el espinel de localidades más castigadas del Alto Paraná. Estuvo primero en la isla Apipé junto al intendente Gustavo Figueredo y en Ituzaingó, con el jefe comunal, Emilio Nicolás, acompañado en el terreno por los ministros.
Horas más tarde, se trasladó a Itatí para embarcarse en lancha junto al intendente Francisco Romero y el jefe de la Policía provincial, Miguel Ángel Leguizamón, verificando en persona el avance del cauce sobre los barrios ribereños.
Ese despliegue territorial tiene un doble valor político y operativo. Por un lado, respalda a los mandatarios municipales, que deben tomar decisiones difíciles en sus comunidades, como la declaración de la emergencia hídrica firmada por Romero en Itatí o la activación del protocolo preventivo dispuesta por Oscar «Chino» García en Paso de la Patria para resguardar a los vecinos de los barrios La Isla, Señorans, Rincón, Campo de Capara y Pescadores.
Por otro lado, acelera la llegada de recursos concretos, desde módulos alimentarios de Desarrollo Social y esquemas de vigilancia especial de la Policía y la Dpec para evitar riesgos eléctricos y robos en viviendas abandonadas, hasta el envío de retroexcavadoras y tubos para sostener las defensas, los terraplenes de contención y el escurrimiento pluvial que se venía trabajando en meses anteriores.
A esa respuesta en la trinchera se suma una arquitectura institucional novedosa coordinada por el ministro secretario general de Gobierno, Juan Pablo Fornaroli. El Ejecutivo entendió que un evento climático de varios meses exige sumar a todas las fuerzas vivas y convocó a una gran mesa de trabajo integrada por el Ejército Argentino, la Universidad Nacional del Nordeste, la Cruz Roja, Cáritas, las iglesias evangélicas, la Federación Económica de Corrientes y la Asociación de Sociedades Rurales.
La elaboración de un manual operativo conjunto para fines de octubre y la decisión de canalizar todo el voluntariado y las donaciones a través de estas entidades intermedias muestran un aprendizaje institucional valioso para evitar la dispersión de esfuerzos cuando arrecian las lluvias.
La IA y los datos catastrales
Esta emergencia hídrica quedará registrada en Corrientes por la irrupción simultánea de dos herramientas tecnológicas inéditas para anticipar el comportamiento del agua. Por un lado, millones de teléfonos celulares de la provincia recibieron por primera vez un aviso automático emitido por Google Flood Hub, la plataforma de inteligencia artificial del buscador global que cruza datos satelitales e hidrométricos para predecir desbordes fluviales. El sistema encendió alarmas precisas sobre cinco puntos neurálgicos del Norte provincial integrados por Capital, Paso de la Patria, Itatí, Berón de Astrada e Ituzaingó, permitiendo que cualquier vecino visualice en tiempo real un mapa interactivo con las zonas de riesgo. Por otro lado, para el ámbito rural, el Inta Corrientes puso a disposición de manera gratuita en el portal de la Infraestructura de Datos Espaciales de la Provincia la plataforma Saepga. Con sólo ingresar el número de Adrema o partida catastral de su campo, cualquier productor ganadero puede simular hoy qué porcentaje exacto de sus potreros quedará bajo agua ante un evento extremo de El Niño y usar una calculadora digital para saber cuántas vacas podrá sostener en las hectáreas secas remanentes antes de que los caminos rurales queden cortados.
El golpe silencioso sobre el campo correntino
Más allá del drama humano de las familias ribereñas, la crecida abre una herida profunda en la matriz productiva de la Provincia. La imagen difundida en los últimos días de una barcaza desembarcando vacas desesperadas desde las islas hacia la costa de Manuel Derqui, donde los animales bajaban de la rampa para seguir chapoteando en un campo continental totalmente cubierto de agua, sintetiza la angustia de los productores rurales.
Los informes técnicos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta) encendieron todas las luces de alarma en las tranqueras. El especialista Ditmar Kurtz advirtió que, si el fenómeno de El Niño repite la intensidad del recordado ciclo de 1997 y 1998, Corrientes podría llegar a tener hasta 5,2 millones de hectáreas bajo agua, lo que equivale al 58 por ciento de la superficie provincial.
Hoy, según detalló Carlos Roldán, presidente de la Asociación de Sociedades Rurales de Corrientes, la Provincia ya tiene un 28 por ciento de su territorio con agua en superficie, al límite de su parámetro normal, y eso que todavía no comenzaron las grandes lluvias locales en el Interior.
El gran temor de las entidades agropecuarias es el efecto tapón. Con los ríos Paraná y Uruguay desbordados, el agua está ingresando hacia adentro del continente e impide que desagüen las cuencas internas como los ríos Corriente, Miriñay, Aguapey y Santa Lucía.
Si en las próximas semanas se registran lluvias locales de 200 o 300 milímetros, esos cauces interiores desbordarán sobre los campos de cría.
GANADERÍA, ARROZ Y HORTICULTURA
El análisis de los especialistas y de las cámaras del sector revela que el verdadero costo económico para Corrientes no se agotará cuando bajen los ríos, sino que dejará secuelas severas durante todo el año próximo en tres pilares de nuestra economía regional.
En la ganadería, el golpe inmediato es logístico y financiero. Se estima que unas 60.000 cabezas de ganado deberán ser evacuadas de las islas y zonas bajas de Corrientes antes del pico máximo de fines de noviembre.
En las islas de Empedrado ya se organiza la salida urgente de 1.700 animales pertenecientes a unos 70 pequeños productores, en Apipé restan sacar más de 1.500 cabezas y el operativo junto al Priar, Bomberos y Prefectura se extenderá pronto hacia Goya, Bella Vista y Esquina, amparado en un protocolo excepcional acordado con el Senasa para mover la hacienda sin trámites previos hasta corrales seguros en tierra firme.
Mover una barcaza cuesta entre 1,5 y 3,5 millones de pesos por hora de navegación. Sin embargo, el daño posterior será biológico y comercial. Al concentrarse el ganado en las pocas lomas secas disponibles, la carga animal se duplica y pasa de unos 2,6 equivalentes vaca por hectárea a más de 5 animales por hectárea.
Si el agua permanece en los campos bajos hasta el otoño, el pasto natural no tendrá tiempo de rebrotar antes de las heladas del invierno. Eso obligará a malvender hacienda de forma anticipada hoy, provocará pérdida de estado corporal en los vientres, menor índice de preñez, caída drástica en la parición de terneros y una inevitable escasez de carne que presionará los precios al consumidor en los ciclos siguientes.
El sector arrocero, donde Corrientes lidera a escala nacional, aportando casi la mitad de la producción del país, enfrenta una encrucijada igual de compleja. La campaña 2026 y 2027 ya arrancó con una retracción de superficie de entre el siete y el ocho por ciento, bajando de 96.800 a unas 90.000 hectáreas por problemas de costos y falta de piso, a tal punto que muchos productores tuvieron que inventar siembras al voleo utilizando drones porque las sembradoras se hundían en el barro.
Hacia adelante, como explicó el dirigente arrocero Jorge Borsatto, los años signados por El Niño castigan al cultivo en su etapa crítica de floración entre diciembre y enero. La sucesión de días nublados reduce la radiación solar indispensable para la planta y el exceso de humedad multiplica el ataque de hongos.
La consecuencia histórica comprobada es un desplome de alrededor de 1.000 kilos por hectárea en los rendimientos promedio y un deterioro severo en la calidad industrial, con mucha mayor proporción de grano enyesado y quebrado que hunde el precio que recibe el productor, sin contar el riesgo latente de que una crecida extraordinaria tape por completo las chacras cercanas a los ríos y provoque la pérdida total del lote.
Finalmente, la horticultura correntina, motor social de departamentos como Lavalle, Bella Vista y Santa Lucía, padece en silencio el exceso hídrico y las tormentas. Si bien los invernaderos protegen del impacto físico de la lluvia a cultivos insignia como el tomate y el pimiento, la combinación de suelos saturados por el ascenso de las napas, días grises sin sol y una humedad ambiente constante por encima del 90 por ciento genera un caldo de cultivo letal dentro y fuera de las carpas plásticas.
Los informes fitosanitarios del Inta advierten que, bajo estas condiciones se disparan patógenos devastadores como el tizón temprano, la alternaria, el moho gris y las bacteriosis o pudriciones radiculares que asfixian el cuello de las plantas, mientras en los lotes a campo de mandioca, batata y zapallo las raíces directamente se pudren bajo el barro. Peor aún, las lluvias continuas lavan las aplicaciones de fungicidas e impiden entrar a tiempo a curar los cuadros, obligando al descarte masivo de fruta manchada y dejando a cientos de pequeños productores familiares descapitalizados de cara al próximo ciclo.
La radiografía de puertos y evacuados
El repaso frío de los índices oficiales emitidos por la Prefectura Naval Argentina y la Entidad Binacional Yacyretá explican por qué el Gobierno provincial decidió pisar el acelerador preventivo.
La represa hidroeléctrica viene operando con un ingreso de agua cercano a los 28.000 metros cúbicos por segundo, un volumen que supera en un 40 por ciento el promedio histórico de las últimas semanas y que obligó no sólo a abrir compuertas, sino también a cerrar preventivamente el paso fronterizo entre Ituzaingó y Ayolas.
Ese embudo hídrico castigó de lleno a Ituzaingó, donde el río llegó a marcar un pico de 4,80 metros antes de oscilar en torno a los 4,62 metros, rebasando largamente los 3,50 metros de alerta y los 4 metros de evacuación, con pronósticos locales que temen un repunte hacia los 5 metros.
Allí ya se contabilizan 23 personas evacuadas en la zona costera, entre ellas 16 adultos y 6 niños, además de unas 20 familias afectadas en la jurisdicción insular de Apipé Grande y Apipé Chico, donde los equipos municipales y provinciales cruzan en embarcaciones para llevar atención médica, agua potable y víveres a los isleños que se resisten a dejar sus casas y sus animales.
Unos kilómetros río abajo, Itatí vive horas dramáticas. Con el río clavado en 7,36 metros, muy por encima de los 6,80 metros de alerta y a tan sólo 14 centímetros del nivel de evacuación fijado en 7,50 metros, alrededor de 100 vecinos ya debieron abandonar sus hogares.
Unas 30 personas reciben contención en la Casa del Promesero, otro grupo fue alojado en el Galpón Municipal y decenas de familias se autoevacuaron en domicilios de parientes con el auxilio de camiones comunales para salvar sus muebles y electrodomésticos, mientras la comunidad tuvo que poner a resguardo hasta la histórica imagen de la Virgen Blanca en una costanera completamente tomada por la correntada.
En Paso de la Patria, la marca ya trepó a los 6,62 metros tras haber dado saltos de 11 centímetros en apenas medio día, superando la alerta de 6,50 metros, tapando senderos peatonales y cubriendo parte de las gradas del anfiteatro en su marcha hacia los 7 metros de evacuación.
Más al Sur, en Goya, se apuran las obras preventivas en el puerto exterior y en Esquina el brusco repunte del río Corriente borró las playas de un día para el otro, obligando al intendente, Hugo Cristian Olivetti a montar una guardia de monitoreo permanente con Prefectura.
Si el panorama del Paraná inquieta, lo que sucede sobre la costa del río Uruguay directamente alarma. En Paso de los Libres, el hidrómetro llegó a los 9,46 metros, dejando atrás el nivel de alerta de 7,50 metros y quebrando por casi un metro la barrera de evacuación de 8,50 metros. Con la costanera vallada y bajo agua, entre 50 y 60 personas ya debieron autoevacuarse sumando los registros iniciales de Libres y Apipé.
Más al Norte, sobre el mismo cauce, Alvear alcanzó los 10,54 metros, superando su alerta de 9,50 metros y quedando a medio metro de la evacuación general de 11 metros con calles de tierra y viviendas rodeadas por el agua rojiza, al tiempo que en La Cruz el desborde cercó campings e instalaciones recreativas de la ribera.

