Desde el arrullo del bebé, su cuidado y alimentación hasta la enseñanza del lenguaje y las costumbres, las madres cumplen un rol fundamental como pilar de los grupos familiares. Y aunque muchas veces es poco reconocido, este papel atraviesa generaciones y culturas, aubicándolas como figuras centrales de todas las comunidades. En Corrientes, la influencia más que vigente del pueblo guaraní derivó en una profunda devoción para con estas mujeres que son representadas como el sostén de los hogares. Amor, cariño y respeto que vienen de siglos y que responden a la tarea asignada de guiar y proteger a las infancias para garantizar el futuro y la supervivencia de un pueblo. En su día, un homenaje a todas ellas, biológicas y del corazón, que desde siempre hacen funcionar el mundo.
En el idioma guaraní, madre se dice «sy» y tanto en su cosmovisión como en su organización comunitaria y familiar el rol de estas mujeres era vital para la preservación comunitaria. Las sykuéra (madres) eran quienes protegían a las infancias y aseguraban el crecimiento poblacional. Pero al mismo tiempo, eran las que enseñaban y transmitían el lenguaje y las costumbres a sus hijas e hijos a través del contacto permanente, sobre todo, durante los primeros meses y años de vida, cuando los niños estaban a resguardo exclusivo de ellas.
Fue a partir de esa relación de protección y educación entre madres e hijos que el guaraní también sobrevivió. Por medio de los cantos de cuna y el relato de cuentos y leyendas, ellas aseguraban también la transmisión de los valores, creencias y tradiciones propias de sus antepasados. Y todo ocurría a través de una profunda e íntima relación que se convertía en una fuerte carga identitaria heredada del contacto maternal.
Esta era una herencia que mantenían a lo largo de toda la vida y que sellaba el lugar irremplazable que le otorgaban a las mujeres que les dieron la vida y los acompañaron y protegieron durante la infancia.



SABIAS
Aun así, el rol de las sykuéra no se reducía solamente al cuidado de los más pequeños. También eran las responsables de proteger y ayudar a otras mujeres, ya sean embarazadas o madres y a la gente mayor. Además, debían garantizar el alimento con la cosecha y conocer las propiedades de las plantas para curar algunos males que podrían aquejar a los miembros de su familia.
Pilares de la comunidad, las madres guaraníes fueron y son protagonistas de una resistencia cultural que ya lleva más de 400 años desde la llegada de los colonizadores. Su imagen protectora prevalece al paso del tiempo y trasciende a las comunidades a través del arte, las narraciones y también la religiosidad.
No por nada a la Virgen de Itatí, una de las principales advocaciones marianas de la provincia y el Norte argentino, la gente más humilde la suele llamar Tupâsy. Es su nombre guaraní, una forma tierna y respetuosa para referirse a la Madre de Dios.

