La jornada de protesta nacional convocada por la CGT, a pesar de ser en “modo sui géneris”, dejó un saldo económico devastador, con pérdidas que, según estimaciones de consultoras privadas y el Ministerio de Economía, superaron los 570 millones de dólares, marcando una de las sangrías productivas más profundas de los últimos años.
Mientras en el microclima porteño los medios intentaron instalar una parálisis multisectorial nacida de la convicción o el temor a las marchas en la zona del Congreso, en provincias como Corrientes el escenario desnudó una realidad mucho más pragmática: el éxito de la medida no se midió en las persianas bajas por ideología, sino en la contundencia de una UTA que, al retirar los colectivos de las calles, dejó al sistema productivo local sin su combustible humano.
Bajo la sombra del cierre definitivo de la emblemática planta de Fate en Buenos Aires -un drama industrial que simboliza la fragilidad del sector manufacturero que viene de arrastre previo a la gestión Milei-, la provincia vivió un jueves de calles vacías, pero de veredas repletas con comercios y oficinas abiertas.
UNA SANGRÍA PERJUDICIAL
El impacto macroeconómico de este jueves no es una cifra al azar en una planilla de Excel. Los 570 millones de dólares que se evaporaron del Producto Interno Bruto (PIB) representan fábricas que no produjeron, despachos que no se concretaron y, sobre todo, un consumo minorista que se desplomó a niveles críticos.
En una economía que intenta hacer equilibrio sobre una cuerda floja, este golpe financiero actúa como un lastre directo sobre las metas de recuperación, especialmente en sectores como el gastronómico y el retail, donde lo que no se vendió este jueves, difícilmente se recupere el viernes.
Todo esto llama la atención aún mas si se tiene en cuenta que los “gordos” de la CGT traccionaron a media máquina, puesto que en sus típicas maniobras de avezados “jugadores de varias mesas”, lograron que el Gobierno central retrocediera en chancleta y les permitiera sostener las cajas sindicales, otorgándoles un período de gracia que les sirve sobremanera.

