Ni bien se proclamó como nuevo Papa a Robert Francis Prevost, el jueves 8 de mayo de 2025, y se conoció que adoptó el nombre de León XIV, las autoridades del Registro Nacional de Identificación y Estado Civil (Reniec), del país hermano Perú, postearon en las redes sociales: «¡El Papa es peruano!».
Efectivamente, el 24 de agosto de 2015, Prevost, luego de nacionalizarse, obtuvo el Documento Nacional de Identidad (DNI) como ciudadano peruano. Entre los datos que consignó en el DNI está la fecha de su nacimiento, el 14 de septiembre de 1955. Vino al mundo en Chicago, Estados Unidos, pero transcurrió 40 años de su vida en el Perú, particularmente en Chiclayo, una de las ciudades más importantes de la costa norteña peruana, informó desde Lima en una nota especial para el diario Clarín el periodista Ángel Páez.
La provincia de Chiclayo es una combinación de 20 distritos donde la pobreza monetaria en algunos de ellos afecta a más del 20 por ciento de la población. Una región que recibió muchos migrantes venezolanos y que el obispo Prevost por entonces acogió en su Diócesis. Pero Prevost inició sus labores de pastor en 1985 en Chulucanas, una localidad del departamento de Piura, al Norte de Chiclayo. Tenía 30 años y su misión pastoral se caracterizó por su cercanía con la población más humilde afectada por la violencia, fue muy crítico respecto a las violaciones a los derechos humanos y no se guardó críticas al exdictador Fujimori.
En 2017, cuando el entonces presidente, Pedro Pablo Kuczynski, otorgó el indulto humanitario a Fujimori, quien cumplía condena de prisión de 25 años por la matanza de 25 personas -entre ellos un niño de 8 años-, monseñor Prevost, cuestionó es decisión. Lo hizo particularmente porque consideraba que Fujimori no reconoció con honestidad su responsabilidad ni expresó arrepentimiento. «El expresidente Alberto Fujimori pidió perdón en una forma, digamos, genérica, reconociendo en términos generales su culpa y algunos se han sentido ofendidos. Tal vez de su parte sería más eficaz pedir personalmente por algunas de las grandes injusticias que fueron cometidas y por las cuales él fue juzgado», afirmó monseñor Prevost.
También desaprobó la forma en la que la presidenta Dina Boluarte, quien asumió funciones el 7 de diciembre de 2022, tras el frustrado golpe del ex mandatario Pedro Castillo, trató a los manifestantes que rechazaban su designación. De acuerdo con Amnistía Nacional, fuerzas del Ejército y la Policía Nacional asesinaron a 49 ciudadanos que salieron a la calle a protestar entre diciembre de 2022 y marzo de 2023.
El Obispo de Chiclayo tenía previsto retirarse de la Arquidiócesis de Chiclayo, pero debido a la gravedad de la violencia gubernamental contra los manifestantes que ejercían su derecho a la disidencia, decidió quedarse un tiempo más con permiso del Papa Francisco quien le encomendó otra misión en el Vaticano: ser Prefecto del Dicasterio para los Obispos (el organismo encargado de coordinar los nombramientos de obispos en todo el mundo) y como Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina el 30 de enero de 2023. «Siento mucha tristeza y mucho dolor. Incluso le dije al Santo Padre que no es el momento para dejar el país. Yo quiero seguir acompañando al pueblo. La mayoría está buscando la reconciliación y la paz. Hay sectores de la población que se sienten olvidados, ignorados y que tienen reclamos legítimas», explicó Prevost en ese momento a la Prensa.
La Iglesia en el mundo
«Nuestra sociedad, en efecto, posee una extraordinaria capacidad para producir, innovar y comunicar, sin embargo, parece que todavía necesitamos aprender a custodiar el alma de aquello que esta genera. De lo contrario, corremos el riesgo de ser expertos en los medios y eficaces para producir, pero inciertos acerca del por qué, para qué, con quién y para quién se produce. En este contexto, la Iglesia, consciente tanto de sus aciertos como de sus errores a lo largo de la historia, anhela permanecer en diálogo con el mundo contemporáneo»… Indicó que, la Iglesia comparte con humildad, pero también con firmeza aquello que ha descubierto en la experiencia de la fe: que Jesucristo responde a las grandes preguntas sobre la vida humana y su plenitud, ya en este mundo y hasta su culmen en la eternidad.
«Por eso, la persona humana permanece siempre como ‘el camino primero y fundamental de la Iglesia y el corazón de toda auténtica vía de desarrollo humano integral. Y entonces, ella no puede desentenderse de la cultura, porque a través de ella, el hombre en cuanto hombre, ‘es’ más (cf Compendio de la doctrina social de la Iglesia, 554)».

