En una de las salas del Museo de Artesanías Tradicionales, ubicado en Quintana y Salta, el sonido de las gubias contra la madera marca el ritmo de una tarde de aprendizaje. Allí, Damián Duarte -profesor, artesano plateador en madera e imaginero- conduce desde hace tres meses un taller libre de tallado que apuesta a mantener con vida una tradición que se resiste a desaparecer.
«El objetivo del taller libre que comenzamos, que tiene una duración de tres meses, es tratar de transmitir la artesanía tradicional», explicó Duarte en diálogo con EL LIBERTADOR, y aclaró que el término no es casual: «Todo es gubia, no hay máquinas acá que ocupemos, todo es gubia, todas herramientas rudimentarias». La madera prima que utilizan proviene de recuperaciones: «Conseguimos siempre de madereras o si no árboles que fueron talados o madera recuperada».
Para el artesano, la continuidad de este oficio trasciende lo manual. «Este oficio la verdad que viene de generación en generación», señaló, y lo vinculó con la identidad regional: «Tenemos cultura, tenemos región, tenemos religión y muchas cosas volcadas en el tallado en madera». Sin embargo, advirtió sobre el riesgo de que estos saberes se pierdan: «Lo que hace rico al oficio en realidad se está perdiendo», aunque celebró que «hoy por lo menos podemos tener nuevos alumnos que vienen a aprender».
Duarte también destacó el rol de las muestras y concursos como motor de superación para quienes se inician en la disciplina. «Hay concursos, ellos se están perfeccionando en cursos que tenían tres meses trabajando», contó, y dijo satisfecho con los resultados: «La verdad contento porque muy buenas piezas pudieron realizar». Sintetizó el efecto que provoca el oficio en quienes lo prueban por primera vez: «Una vez que te pica el bichito, ya queda para siempre».
Quienes estén interesados en sumarse pueden acercarse directamente al museo, donde el propio Duarte recibe las consultas.
Testimonios de los alumnos: de cero al primer proyecto propio
Ninguno de los estudiantes tenía experiencia previa en tallado cuando llegó al taller. «Desde cero, desde cero, desde cero», coincidieron. Uno de ellos, docente de artes visuales, resumió una inquietud largamente postergada: «Yo soy profesor de artes visuales, pero en madera nunca había tenido el conocimiento, la experiencia, y siempre había querido, y bueno, justo que se lanzó el taller y pude aprovechar de aprender del profesor». El mismo alumno explicó además por qué la elección de la madera es determinante en el resultado final: «Si tiene muchas vetas como el pino, el dibujo se te complica mucho más y queda medio deforme, desprolijo, después cuesta mucho más perfeccionarlo».
Otra alumna relató su primer contacto con las herramientas a través de una consigna grupal: «Empezamos a trabajar un diseño que propuso el profesor, un corazón alado, más que nada para conocer los trazos, los cortes, las formas de utilizar las diferentes herramientas, las profundidades en las cuales cada una trabaja e ir aflojando la mano principalmente».
Uno de los alumnos ya avanzó a un proyecto personal, alejado de las consignas de clase: «Yo, en este caso es algo propio, lo hice porque me gusta, más que un chanchito, una especie de personaje de Gravity Falls, me hacía así tierno hacerlo». Otro compañero, en cambio, sumó piezas de mayor tamaño y utilidad práctica: «Nosotros ya hicimos varios proyectos, hicimos una flor y ahora este proyecto que es un poquito más largo, que sería para usar como perchero».
Por último, uno de los alumnos valoró el trabajo en conjunto como parte esencial del aprendizaje: «Lo hicimos en conjunto para ir armando todos juntos y ver cómo íbamos haciendo todo el proceso, e ir de paso también sacándonos las dudas en referencia a alguna dificultad que encontrábamos en el camino».

