El intendente de la ciudad de Corrientes, Claudio Polich inspeccionó el avance de las obras de infraestructura pluvial que la Municipalidad ejecuta sobre la avenida Alta Gracia y en el interior del barrio San Antonio. El proyecto abarca el tendido de más de 600 metros de conductos, cámaras de registro y sumideros diseñados para acelerar el drenaje del agua de lluvia y resolver los problemas de anegamiento que afectaban desde hace años a los frentistas de esa barriada del sur capitalino.
Durante la recorrida técnica realizada en el cruce de la avenida Alta Gracia y la calle Los Puelches, el Jefe comunal señaló que la intervención atiende «un antiguo reclamo» de las familias del sector y precisó que las labores ya ingresaron en su etapa definitoria. Según estimó Polich en diálogo con los equipos de obra, en un plazo de tres a cuatro meses todo el vecindario contará con «un correcto escurrimiento» hacia la cuenca principal, lo que cambiará de manera sustancial la fisonomía y la transitabilidad de la zona tras cada temporal.
CANAL ÑABINDÁ Y CLOACA SOCIAL

El diseño de ingeniería hídrica combina un colector principal sobre el corredor vial con ramales secundarios que penetran en la trama barrial. El secretario de Obras Públicas del Municipio, Sebastián Gómez de la Fuente explicó que por la vereda de la avenida Alta Gracia se completa un conducto troncal de más de 200 metros de entubado que vincula el caudal pluvial directamente con el río Paraná mediante el ducto del canal Ñabindá, mientras otro frente de operarios instala cañerías sobre la calle Aconquija, en el corazón del barrio San Antonio.
El funcionario municipal remarcó que el saneamiento hídrico se complementa con los trabajos subterráneos que la comuna ya concretó en esa misma cuadrícula a través del programa Cloaca Social, una modalidad de esfuerzo compartido entre la administración local y los vecinos para completar las conexiones a la red cloacal.
Contar con los desagües pluviales y el tendido sanitario bajo tierra constituye el paso técnico indispensable para que las cuadrillas municipales puedan avanzar luego en la superficie con la construcción de cordón cuneta y el enripiado de las cuadras internas.
Proyecto de doble mano
Debido a la magnitud de las excavaciones y a las características del suelo, el Intendente reconoció que el movimiento de máquinas ocasiona molestias transitorias en la circulación diaria de los habitantes, aunque llevó tranquilidad al asegurar que al concluir el tapado de los ductos «va a quedar todo bien, todo normalizado».
Más allá del alivio frente a las lluvias, la finalización de los pluviales destrabará una obra vial de impacto para toda la franja sur de la capital. Polich adelantó que, una vez estabilizado el terreno sobre la avenida Alta Gracia, el Municipio trabajará en conjunto con el Gobierno provincial para construir la doble mano de circulación en esa avenida, integrando el saneamiento hidráulico con la ampliación de los corredores de tránsito urbano.
La prioridad de las obras subterráneas frente al régimen de lluvias

La ampliación de los ductos pluviales en la cuenca del canal Ñabindá forma parte de la estrategia de readecuación hídrica que la capital correntina viene desplegando ante la mayor frecuencia de tormentas severas asociadas al fenómeno climático El Niño.
En una ciudad cuya topografía presenta depresiones naturales y antiguos bajos que fueron urbanizándose a lo largo de las décadas, la capacidad de respuesta de los sumideros y canales troncales hacia el río Paraná define el pulso de los barrios periféricos durante los meses de primavera y verano.
Desde el punto de vista de la gestión pública, la articulación entre la Municipalidad y el Poder Ejecutivo provincial -que en su propio esquema presupuestario contempla partidas específicas para obras de desagüe y mitigación de inundaciones- permite ordenar la secuencia de las inversiones urbanas. Al priorizar primero el entierro de cañerías cloacales y pluviales antes de pavimentar o abrir nuevas calzadas como la proyectada doble vía de Alta Gracia, la planificación técnica evita la rotura posterior de obras viales nuevas y garantiza una mayor vida útil para el pavimento y el ripio barrial.

