Con mucha dedicación del equipo profesional, en el edificio pediátrico del Instituto Correntino de Ayuda al Lisiado (Ical) funciona un servicio como centro de intervención temprana y atiende desde bebés de dos o tres meses, a veces menores, hasta niños de cuatro o cinco años. Allí llegan chicos con alteraciones en el neurodesarrollo o con trastornos neuromotores: parálisis cerebral, síndrome de Down, lesiones medulares, enfermedades neuromusculares. También los que no tienen un diagnóstico cerrado pero sí un antecedente, como la prematurez, que los pone en riesgo de desarrollar una patología si nadie interviene a tiempo.
EL LIBERTADOR fue recibido por el equipo de profesionales integrado por: directora licenciada Patricia Mauriño; kinesiólogas: licenciada Alejandra Rodríguez, Roció Fernández y el licenciado Walter Arceguet, quienes explicaron acerca de los servicios.
«Todo parte de una lesión en el cerebro, en el sistema nervioso central, y a partir de ahí van apareciendo alteraciones en la postura y el movimiento que nos indican que puede desarrollar una patología o algún retraso», explicó uno de los profesionales. En la práctica, es el pediatra quien suele dar la primera señal: el bebé no sostiene la cabecita, no se sienta cuando debería, no cambia de posición como se espera para su edad. Ahí aparece el equipo del Ical.
Los cuatro kinesiólogos del servicio tienen una formación específica en neurodesarrollo, que estudia cómo se desarrolla una persona desde que nace hasta el final de la niñez y cómo ese desarrollo impacta en la familia.
El criterio de trabajo se apoya en pautas que la medicina fue estandarizando con el tiempo: a qué edad se espera que un bebé gire, se siente, se pare. «Dentro de los 6 o 7 meses debería poder sentarse solo, así que nosotros tratamos de diferentes maneras tratar de lograr eso», contó otro de los terapeutas.
«Vienen a jugar y esa es la base de nuestro tratamiento, la motivación del niño». La motivación es, de hecho, la herramienta central. Los terapeutas buscan primero lo que el chico sí puede hacer: si a los tres meses todavía no gira pero está muy atento, se trabaja a partir de esa atención. «No nos movemos de casualidad, nos movemos porque nos interesa algo, porque queremos algo», resumieron.
LLEGAR A TIEMPO
Si un bebé tiene dificultades para controlar el estar sentado, parado o el movimiento y no recibe una intervención a tiempo, el retraso no se limita a lo motor, se extiende a la comunicación, a lo cognitivo, al desarrollo en general. «Cuanto antes se intervenga en la edad del bebé, mayores posibilidades de que prospere mucho más rápido y sin secuelas», sostuvo uno de los profesionales.
Cada paciente viene como mínimo dos veces por semana, en sesiones de 45 minutos en las que el terapeuta trabaja con el niño y con su familia. Por la demanda, y porque la atención es personalizada, el servicio ronda los 50 pacientes en tratamiento. Además de los kinesiólogos, forman parte del equipo una fonoaudióloga y una terapista ocupacional.
Entre el equipamiento del servicio hay una pieza reciente, entregada por el Ministerio de Salud: un bipedestador. Es un soporte que permite poner de pie a los pacientes que no pueden hacerlo por sus propios medios. «Es un equipo que sirve para parar a aquellos pacientes que no pueden hacerlo de manera independiente, que necesitan sí o sí este equipo para lograr esa postura», explicaron.
Guapy Ñembo’y: un asiento de yeso para no esperar
Terapeutas de Intervención Temprana y Neurorehabilitación Infantil del Ical pediátrico implementan el proyecto Guapy Ñembo’y desde el año pasado. Buscan que los chicos con trastornos neuromotores, que no pueden mantenerse sentados o parados por sí solos, tengan una postura adecuada sin esperar meses a que llegue su equipamiento definitivo.
Para conseguir un asiento o un bipedestador, el paciente tiene que ir al médico, el médico tiene que indicarlo y después se gestiona por el Ministerio, por una obra social o de manera particular. Hay un expediente de por medio y los plazos se estiran.
La respuesta del equipo son las llamadas Adaptaciones Posturales Low Cost (de bajo costo): asientos y bipedestadores confeccionados en yeso, a medida de cada paciente. Los hacen los propios terapeutas y el material lo compra la dirección del instituto.

