A veces, detrás de una medalla, hay mucho más que un resultado. Hay sacrificio, esfuerzo y una historia que merece ser escuchada. Lauriano Acevedo tiene apenas 10 años, pero ya conoce de desafíos que muchos adultos todavía no enfrentaron. Comenzó taekwondo a los 6 años en el CEPT en Santo Tomé, en el interior de Corrientes, y desde entonces construyó un camino que combina disciplina, compañerismo y una voluntad que emociona.
Actualmente compite como cinturón rojo y ya participó en cuatro campeonatos nacionales, donde consiguió un total de 13 medallas en las modalidades de Poomsae, Freestyle y Kyorugui. Sin embargo, el mayor combate de Lauriano no siempre está dentro del área.
Vive en Santo Tomé junto a su abuela, quien es su tutora legal. Los dos trabajan día tras día para poder afrontar los gastos que implica viajar y competir. Hamburguesas, empanadas, pastelitos, rifas, lavado y planchado de ropa… no hay tarea que Lauriano no esté dispuesto a hacer para acercarse un poco más a su objetivo.
En cada evento de su pueblo, junto al CEPT, montan un pequeño stand para reunir dinero y seguir adelante. No esperan regalos ni privilegios: pelean cada oportunidad con trabajo y constancia.

Pero si algo destacan quienes lo conocen, es que Lauriano nunca baja los brazos. A pesar de su corta edad, jamás falta a entrenar, nunca deja de asistir a los eventos y siempre está dispuesto a ayudar a sus compañeros cuando necesitan vender algo o recaudar fondos. Además, también se destaca en la escuela, donde es considerado uno de los mejores alumnos.
Su sueño es claro: llegar a cinturón negro y competir internacionalmente representando al país.
Hoy, Lauriano necesita ayuda para poder viajar desde Corrientes a Buenos Aires y participar en el campeonato nacional que iniciará en los próximos días. Y detrás de ese viaje no solo hay una competencia: hay un niño que entendió desde muy temprano que los sueños se construyen trabajando.
Porque algunos atletas ganan medallas. Y otros, además, inspiran.
Fuente: Locosxtkd

