Al cierre de esta edición, la Cámara de Diputados de la Nación se encontraba sumergida en un debate maratónico para dar sanción definitiva a la reforma laboral impulsada por el Ejecutivo, en un clima de extrema polarización que se alimentó del paro general que latía fuera del Palacio Legislativo.
Tras haber sorteado el filtro del Senado, donde el proyecto original sufrió una «poda» sustancial para garantizar su supervivencia política, el oficialismo de La Libertad Avanza lograba consolidar un apoyo mayoritario gracias al respaldo del PRO y los sectores dialoguistas de la UCR y Hacemos Coalición Federal.
La sesión, cargada de chicanas cruzadas que oscilaron entre las acusaciones de «entrega de derechos» por parte del kirchnerismo y la izquierda, y las promesas de «modernización para salir del estancamiento» del arco oficialista, se encaminaba a una votación ajustada pero favorable para Javier Milei, quien buscaba cerrar la jornada con su primera gran victoria estructural en el Congreso.
CHICANAS EN EL LODO POLÍTICO

El debate no estuvo exento de la pirotecnia verbal habitual. Desde las bancadas de Unión por la Patria, la retórica se centró en tildar a los legisladores oficialistas de «verdugos de la clase obrera», mientras que algunos referentes de la izquierda lanzaron chicanas directas contra el Presidente, señalando que «mientras Milei juega a ser un líder global en las redes, la gente no tiene para pagar el boleto de colectivo».
Por su parte, el oficialismo respondió con dureza. «Están defendiendo un modelo que tiene seis millones de trabajadores en negro; lo que ustedes llaman derechos, para nosotros es el privilegio de una casta que tiene miedo a la competencia», disparó un encumbrado legislador libertario, en un cruce que elevó la temperatura del recinto.

