Conseguir postales de la vida cotidiana en Corrientes de hace más de 100 años suele ser una tarea difícil. Por un lado, eran escasos los insumos y los profesionales que se dedicaban a retratar personajes, costumbres y eventos; por el otro, se trataba de una actividad más bien costosa a la que pocas familias podían acceder. Por eso, cobra relevancia el archivo de dos fotógrafos que hace 150 años decidieron inmortalizar varias figuras que consideraron relevantes durante su paso por dos ciudades de la provincia. Sus imágenes son una ventana al pasado correntino y dejan ver detalles poco conocidos de la iconografía social de la época.
Un dato llamativo es que hasta el momento son escasos los datos de los dos visionarios. Uno de ellos era el argentino R Benítez; el otro, el francés León Pagés. La página «Antiguas Fotografías Argentinas» detalla que ambos llevaron adelante su trabajo entre 1871 y 1876, cuando pasaron por las localidades entrerrianas de Diamante y La Paz; Coronda (Santa Fe), y Esquina y Goya (Corrientes). «Ciudad por ciudad iban retratando diferentes personas de la burguesía local e inclusive tipos populares. El álbum es muy pequeño para los 615 retratos. Se trata de la mayor iconografía en la historia de la fotografía argentina del siglo XIX», explicaron.
El álbum está disponible en el catálogo de la Biblioteca Nacional Marinado Moreno, cuyos especialistas lo digitalizaron y pusieron al alcance del público. «Originales en papel albuminado, realizados por el sistema de copias por contacto, a partir de negativos de vidrio por el proceso técnico del colodión húmedo», precisan sobre el documento.







FIDELIDAD
De las 615 fotografías, 28 corresponden a las dos ciudades correntinas, y fueron tomadas en el transcurso de 1876.
Allí se pueden ver retratos de familias de la alta sociedad, pero también de sirvientes u hombres de campo con sus caballos. Sin embargo, una de las capturas más llamativas representa al símbolo de la fidelidad: un perro sobre una silla, retratado seguramente a pedido de sus dueños. Esta imagen constituye uno de los registros fotográficos más antiguos de un animal que acompañó a sus propietarios en el último cuarto del siglo XIX, quedando congelado en el tiempo gracias a la lente de dos hombres que decidieron retratarlo para que la posteridad también lo viera.
