La convivencia en el barrio Hipódromo se ha visto deteriorada en los últimos meses. Específicamente en la calle Junín, entre el pasaje Galarza y Reconquista, lo que debería ser una vereda transitable se ha transformado en un basurero a cielo abierto que pone en riesgo no solo a los frentistas, sino a la salud pública de la zona, incluyendo al hospital Llano que se encuentra a solo dos cuadras.
Un imán para la desidia
El origen del problema, según denuncian los habitantes del área, radica en el perímetro de una propiedad abandonada. Este punto ciego se ha convertido en la excusa perfecta para que personas desaprensivas (muchas veces provenientes de otras zona) utilicen el lugar como zona de descarte.

Muebles viejos, escombros de obras, autopartes y bolsas de basura domiciliaria se acumulan a diario, desafiando las políticas de sustentabilidad y gestión de residuos que intenta promover el Municipio. A pesar de los esfuerzos oficiales por erradicar los minibasurales, este rincón del barrio Hipódromo parece ser tierra de nadie.
Humo tóxico y riesgo sanitario
La situación escala de un problema estético a una emergencia sanitaria por dos factores clave:
- La quema de basura: Es cotidiano que se prenda fuego a los desechos acumulados. Esto genera columnas de humo tóxico e irrespirable que invaden las viviendas linderas, sumándose al olor nauseabundo de la materia orgánica en descomposición.

- La cercanía con el Hospital Llano: El foco infeccioso se encuentra a tan solo dos cuadras del centro de salud, lo que agrega una capa de gravedad al asunto debido a la proliferación de insectos, roedores y otras alimañas que atrae la basura.
«Los insectos no nos dejan estar tranquilos y el humo entra a nuestras casas. Necesitamos una solución definitiva, no solo que limpien hoy, sino que eviten que vuelvan a tirar basura mañana», es el sentir generalizado de los vecinos.
Inseguridad y aislamiento
Sin embargo, el impacto del basural excede lo sanitario y golpea de lleno en la seguridad del barrio. La acumulación de desechos sobre la calzada obliga a los conductores a disminuir drásticamente la velocidad para esquivar los obstáculos, convirtiéndolos en blancos fáciles para hechos delictivos.
Esta situación ha llevado a un virtual aislamiento de los vecinos: tanto las agencias de remises como los choferes de aplicaciones (como Uber) han comenzado a rechazar sistemáticamente los viajes hacia ese punto, evitando ingresar a la zona por temor a sufrir robos o daños en sus vehículos al tener que maniobrar entre los escombros.
El pedido vecinal
Los residentes del barrio, cansados de convivir con la suciedad y el peligro ambiental, hacen un llamado a las autoridades competentes. El reclamo es claro: se necesita una limpieza profunda inmediata, pero fundamentalmente, la implementación de medidas preventivas y de control que impidan que este rincón de la ciudad siga siendo el basurero de la zona.

