El Carnaval de Monte Caseros tiene como protagonistas no solo a sus comparsas y escuelas de samba, sino también a las jóvenes que encarnan la figura de reina, símbolo de tradición, compromiso y pasión. En la edición 2026, siete soberanas representan a sus agrupaciones, llevando en alto el nombre de sus colores y la historia de cada institución.
Delfina, de Carunberacito; Guadalupe, de Orfeito; Emma, de Grupo Alegría; Yamila, de Unasam; Eliana, de Shangay; Florencia, de Carun Berá; y Josefina, de Orfeo, comparten un rasgo en común: todas crecieron ligadas al carnaval y viven su reinado como la continuidad de un camino iniciado años atrás.
En varios casos, el vínculo comenzó en la niñez. Algunas desfilaron desde los tres o cuatro años, otras atravesaron distintos roles dentro de sus comparsas antes de alcanzar la corona. Bastoneras, musas, cordoneras o integrantes de escuelas de samba, cada una fue construyendo su recorrido con constancia y dedicación.
La propuesta de convertirse en reina llegó en momentos distintos, pero en todos los casos estuvo acompañada por la emoción familiar. Padres, abuelos, tíos y amigos forman parte activa del proceso, colaborando en la confección de trajes, el armado de carrozas y la logística de cada desfile.
Detrás del brillo que se observa en el corsódromo hay meses de trabajo artesanal. Piedras de vidrio, cristales, strass, plumas y estructuras de herrería conforman diseños que responden a temáticas diversas: desde personajes infantiles hasta conceptos históricos o simbólicos.
Cada traje es el resultado de un proceso colectivo. Diseñadores, herreros, costureras y familiares aportan su experiencia para que cada detalle luzca en la pasarela. En varios casos, las propias reinas participan activamente en la confección, reforzando el sentido de pertenencia con el vestuario que defienden en pista.
Si hay un instante que todas coinciden en señalar como inolvidable es la apertura de los portones y el cruce de la línea blanca. Allí se conjugan nervios, adrenalina y emoción. El peso del traje, el cansancio o las horas de preparación quedan en segundo plano cuando suena la marcha y el público acompaña con aplausos.
Para ellas, el carnaval es alegría, familia y pasión. Más que un título, el reinado representa una forma de vida que se renueva cada verano y que consolida al Carnaval Artesanal del país como una de las expresiones culturales más fuertes de la región, informó en informe especial Monte Caseros Online.

