El inicio del verano 2026 ha mostrado una dinámica turística compleja en todo el país, marcada por contrastes notables entre los destinos consolidados y aquellos emergentes. Según el último informe elaborado por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (Came), la temporada arrancó con señales de dinamismo, pero también con una gran cautela en el gasto.
En este escenario nacional, Corrientes registró una ocupación promedio del 55 por ciento durante la primera quincena de enero. Si bien el número refleja actividad, ubica a la provincia en un rango de desempeño medio, lejos de los picos de ocupación plena que se observaron en otros puntos del país.
El informe de Came destaca que la temporada no se está ordenando por la anticipación de las reservas, sino por «activadores» concretos. Esto significa que los turistas ya no planifican sus vacaciones con meses de antelación, sino que se mueven impulsados por eventos, el clima o propuestas puntuales.
Dentro del mapa del Litoral, Corrientes muestra un comportamiento particular que la diferencia de sus vecinos. Mientras que Puerto Iguazú, en Misiones, alcanzó una ocupación superior al 82 por ciento, el territorio correntino funciona mayormente con una lógica de tránsito.
Los datos relevados indican que en las ciudades de Corrientes, al igual que en puntos de Chaco o La Pampa, los visitantes no suelen permanecer más de una noche.
Esta conducta del «turista de paso» responde a que muchos viajeros utilizan la infraestructura hotelera local como una escala técnica. Su objetivo final suele ser continuar viaje hacia otros destinos regionales o cruzar las fronteras hacia países limítrofes.
Esto obliga a los prestadores locales a trabajar con una rotación de pasajeros muy alta y constante. La hotelería debe adaptarse a un flujo de personas que llega, duerme una noche y libera la habitación a la mañana siguiente, lo que dificulta la previsibilidad financiera de los negocios.
Sin embargo, no todo es turismo de tránsito. El informe de Came hace una distinción clara sobre los productos que sí logran retener al visitante. En este sentido, los Esteros del Iberá fueron identificados como uno de los atractivos de naturaleza más demandados del verano.
El humedal correntino logró posicionarse en el mismo nivel de interés que gigantes turísticos como las Cataratas del Iguazú o Ushuaia. Esto demuestra que, cuando la oferta turística es única y diferencial, el visitante está dispuesto a quedarse más tiempo y realizar un gasto mayor.
Otro rasgo distintivo de este enero es la demora en la decisión de compra. Los operadores turísticos del Litoral coinciden en que las reservas anticipadas han perdido peso de forma drástica frente a la espontaneidad.
La mayoría de las consultas se concretan en el mismo día del arribo o, como mucho, con 72 horas de antelación. Muchas veces, la contratación del alojamiento se realiza de manera presencial, directamente en el mostrador del hotel, lo que añade incertidumbre al sector.
En cuanto al impacto económico, el turista que recorre la provincia se muestra prudente. Se ha consolidado un perfil de viajero que controla sus gastos y prioriza las experiencias esenciales por sobre los lujos o las compras accesorias.
Aunque el informe de Came no detalla el gasto promedio exacto en pesos para Corrientes, sí marca la tendencia regional. En la vecina provincia de Entre Ríos, por ejemplo, el gasto diario rondó los 96.960 pesos, una cifra que sirve de referencia para entender el movimiento económico en la zona.
La ocupación en Corrientes también mostró una fuerte dependencia de la agenda cultural. Los niveles de demanda subieron por encima del promedio del 55 por ciento únicamente cuando hubo festivales o fiestas populares que funcionaron como «gatilladores» de viajes.
Esta lógica de «picos» es central para entender la temporada 2026. Donde hay un evento masivo, la ocupación se dispara; cuando la agenda se vacía, la actividad turística vuelve a sus niveles basales de tránsito.
Por último, el sector enfrenta desafíos estructurales que menciona la entidad gremial empresaria. Uno de los más preocupantes es el crecimiento de la oferta informal de alojamiento, que compite con la hotelería registrada y presiona las tarifas a la baja.
A esto se suma la variable climática. La dependencia del buen tiempo es total: cuando el clima acompaña, la demanda de escapadas de fin de semana a playas de río y lagunas reacciona rápido; cuando hay inestabilidad, las reservas caen de inmediato.

