En un clima de comunión, participación y misión, propio del camino sinodal, -que transita toda la Iglesia a escala mundial tras el Sínodo último convocado por el Papa Francisco que se extendió desde 2021 y concluyó en octubre de 2024-, el obispo de la diócesis de Goya, monseñor Adolfo Ramón Canecín, acompañó a la comunidad de la parroquia San Pedro de esta localidad durante todo el Triduo Pascual.
Los fieles recibieron con entusiasmo y alegría la presencia del propio obispo Canecín para presidir las jornadas tan sentidas por el pueblo creyente, de quien como se recordará ya lo hizo de igual manera el mismo año de su Consagración Episcopal en la ciudad de Goya, cuando decidió ese mismo 2015 presidir las celebraciones de tan grandes días en esta población.
El Pastor diocesano dedicó la mañana del Jueves Santo a la visita de los enfermos, llevando consuelo y esperanza a quienes no pudieron acercarse al templo.
Por la tarde, la comunidad vivió una celebración del Sacramento de la Reconciliación o llamado comúnmente «confesión». A las 20, se celebró la Eucaristía de la Cena del Señor, que incluyó el tradicional lavatorio de los pies y concluyó con la adoración al Santísimo Sacramento hasta la medianoche.
El Viernes Santo, los fieles se congregaron a las 4.30 para iniciar un Vía Crucis de 17 kilómetros a pie, desde el arco de entrada de la localidad hasta el acceso al paraje Paso Tala, que concluyó poco después de las 9.
Por la tarde, se realizó un segundo Vía Crucis desde el denominado «Triángulo», donde se encuentra la imagen de San Pedro, hasta el templo parroquial.
El Sábado Santo a la noche tuvo lugar la Solemne Vigilia Pascual, presidida por el Obispo.
EN LA FAZENDA
En otro aspecto, para el Domingo de Pascua de Resurrección de Jesús, monseñor Canecín viajó a la Fazenda de la Esperanza, ubicada sobre el camino a Cecilio Echeverría, en cercanías de la localidad de Santa Lucía, donde celebró la misa del día, en un lugar que no descuida en su atención pastoral personal a la institución.
Cabe reiterar que la denominada Fazenda es un centro de recuperación de adicciones, donde compartió la alegría pascual con las jóvenes y voluntarios de la obra.
En su homilía, destacó que el sepulcro vacío es el signo de que la muerte no tiene la última palabra y que «como los discípulos, también nosotros estamos llamados a correr hacia Cristo, a creer en su Resurrección y a dejarnos transformar por la esperanza que nace de la vida nueva».

