Si bien el fanatismo, más aún la obsesión, es rechazado por muchísimos en algunos aspectos de la sociedad, esos mismos muchísimos son esclavos a veces de lo que dicen rechazar, y para eso basta de ejemplo lo que manifiestan algunos «comunicadores» ¿sociales?, que como tantos otros ciudadanos optan por promover el desprecio y hasta la discriminación o la mala educación, incluso desde conductas condenables como las de ciertos deportistas. ¡Qué oportunidad inmejorable para sembrar la amistad entre los pueblos y repudiar todo tipo de violencia que tanto dolor y horror le causa a la humanidad ahora mismo!
Cuán diferentes son las cosas cuando se decide primero conocer al otro antes de emitir juicio alguno -ya que nadie ama lo que no conoce-, porque de seguro, en mucho se parecerá a uno mismo.
UN 10 AL «10»,
LOS VALORES
SON CULTURA
¡Qué estremecedora y aleccionadora conducta del «10» del seleccionado argentino de fútbol, que no teme ni se le cae su dignidad por decirle al arquero de Cabo Verde lo bueno que es en el arco, pese a la mayor exigencia que le demandó a la albiceleste: «Gran trabajo, sos un arquero increíble. Tu gente debe estar orgullosa de vos». Luego, al recordar Vozinha el breve pero especial intercambio con el capitán del equipo argentino, afirmó: «Escuchar eso de alguien como Leo, significa mucho para mí». Después, se multiplicó en los medios de comunicación la historia que lleva sobre sus hombros el caboverdiano. Una actitud de lo que se llama buena gente y que ofició de disparador de elogios y alegría para millones de otra buena gente.
Por eso, vale aquí reproducir una nota que el medio Cracks publicó en su Facebook con el título «Antes de la gloria, hubo un niño y una carretera polvorienta», que se refiere a un jugador del seleccionado de Egipto. Sí, de Egipto, que tanta ansiedad provocó en la hinchada argentina, pese a que sólo es un partido de fútbol, aunque comprensible que en la Argentina sea más que eso por la idiosincrasia de su gente.
Sólo es otra historia de una vida, tal vez como las de tantos otros colegas deportistas y de diversas disciplinas.
Nunca está de más conocer, el conocimiento no ocupa espacio y abre mentes para entenderse entre los seres humanos, invitados todos a construir la Cultura del Encuentro, por la cual se desvivió el Papa Francisco, el primer Papa americano, bien argentino y amante del fútbol.
Como señala la Inteligencia Artificial (IA) a través de Google, «los disvalores (o antivalores) son actitudes y conductas inmorales que degradan al ser humano y atentan contra la buena convivencia. La anticultura engloba todas aquellas prácticas, expresiones o corrientes que destruyen la herencia cultural, destrozan la sensibilidad social y promueven la desintegración comunitaria».
UNA HISTORIA,
UNA VIDA
He aquí la nota de referencia:
Mohamed Salah nació en Nagrig, un pueblo agrícola perdido en el delta del río Nilo. De adolescente tomaba hasta cinco microbuses y viajaba cuatro, cinco horas cada día hasta El Cairo, solo para entrenar. Y otras tantas de regreso. Durante años. Sin una queja. Como si ya supiera que el talento sin sacrificio es apenas una promesa que casi nadie cumple.
Esa carretera lo llevó a lo más alto: máximo goleador en la historia de Egipto, campeón de Europa, rey de Anfield, orgullo de todo un continente. Pero la fama no lo cambió. Se casó con Magi, su amor de la infancia, antes de los millones. Le devolvió a su pueblo agua potable, una escuela, un hospital. Y una vez, cuando robaron en la casa de su familia, perdonó al ladrón, le dio dinero y hasta le buscó trabajo. Así de ancho es su corazón.
Hoy Argentina lo eliminó del Mundial. Peleó hasta el último minuto contra el campeón del mundo, y se fue con la sensación amarga de que el marcador no contó toda la verdad. Duele más cuando uno siente que dejó todo y aun así no alcanzó.
Pero hay hombres a los que ningún resultado logra empequeñecer. El fútbol, a veces injusto en sus cuentas, no tiene manera de restarle lo que Salah ya construyó: una vida entera hecha ejemplo.
Y por suerte, a su nombre se suma en la nómina de esa consideración Lionel Messi, y muchos otros.
Por Alcides Eduardo Hernández,
comunicador social.

