En el marco de la Feria del Libro, Monseñor José Adolfo Larregain brindó la conferencia «El legado cultural del carisma franciscano», donde reconstruyó el vínculo entre la espiritualidad de San Francisco de Asís y la conformación de la religiosidad popular correntina, con el río Paraná como hilo conductor de esa historia.
«Hay pueblos cuya historia pueden escribirse siguiendo el curso de un río, y Corrientes, me atrevería a decir, es uno de ellos», planteó el religioso ante el público presente, para luego señalar que «la imponencia del Paraná configura una cosmovisión, una manera de ser también, que marca».
Larregain explicó que mucho antes de la llegada de los europeos, el Paraná ya constituía un espacio de encuentro entre los pueblos originarios. «El río alimentó el cuerpo, modeló la cultura y despertó una profunda sensibilidad religiosa que encontraba en la creación un lenguaje capaz de hablar del Creador aún antes de que el Evangelio fuera anunciado», afirmó.
Según describió, los primeros misioneros comprendieron rápidamente el potencial de esa vía fluvial: «El Paraná no era un obstáculo que hubiera que vencer, sino un camino providencial que Dios les ofrecía para llegar al corazón de los pueblos».
El obispo se detuvo en las devociones que, según sostuvo, expresan la ternura propia de la espiritualidad franciscana: el pesebre y el Vía Crucis, este último popularizado por San Leonardo de Puerto Mauricio en el Coliseo Romano.
También destacó el arraigo de San Antonio en la religiosidad correntina, con dos advocaciones locales: San Antonio de Mborocoyá y San Antonio de las Lomas de Itatí. «No hay capilla, parroquia, templo, casa que no tenga alguna estampa, una imagen», remarcó.
Sobre el trato de los fieles con las imágenes sagradas, fue categórico: «El santo no es una estatua, es una persona (…) la imagen me remite a otra realidad que es mucho más profunda y que hay que ser muy respetuoso».
En ese punto, se refirió también al lugar de la mujer en la cultura guaraní a través de la devoción a Santa Ana. «Llama la atención que la cultura guaraní, siendo tan machista, es matriarcal», observó, y explicó que las mujeres eran consideradas guardianas de la vida y de las semillas.
LENGUA GUARANÍ
Uno de los pasajes centrales de la disertación estuvo dedicado a Fray Luis de Bolaños, fundador de las reducciones franciscanas y traductor del catecismo al guaraní, a quien los pueblos originarios llamaban Pa’i Puku. «Aprender el guaraní y traducir el catecismo es reconocer que el otro posee algo para decirme, que tiene su propia lengua, que para hablar con Dios no tiene que hablar otro idioma», sostuvo Larregain, y agregó: «Evangelizar no significa uniformar, que ese es uno de los grandes peligros hoy del concepto».
El religioso diferenció además el modelo de las reducciones franciscanas, abiertas, del esquema jesuítico, cerrado: «Cuando son expulsados los jesuitas, las reducciones, en su gran mayoría jesuítica, pasan después a quedar en ruinas. Las reducciones franciscanas (…) son ciudades, pero que comenzaron siendo reducciones», indicó, en referencia a Santa Lucía, Itatí y Santa Ana de los Guácaras, entre otras.
DESAFÍOS
ACTUALES
Hacia el cierre, Larregain planteó los interrogantes que ese legado enfrenta en el presente: la tensión entre lo rural y lo urbano, el cuidado del ambiente y el individualismo. «La fraternidad versus el aislamiento, hoy nos encontramos con eso también, una gran tensión que tenemos», advirtió, y llamó a interpelar a las nuevas generaciones para que la religiosidad popular no quede reducida a una herencia del pasado.
Cerró su exposición con una imagen que resumió el espíritu de toda la charla: «Dios sigue pasando por la vida de Corrientes con la misma discreción que el agua del río que atraviesa nuestras costas. Pasa silencioso, pero sigue pasando y sigue fluyendo en el Evangelio».

