El pie del Monumento a la Bandera en Rosario (Santa Fe) fue el escenario elegido por el presidente, Javier Milei para encabezar los actos centrales del 20 de Junio. Con un discurso de fuerte impronta histórica y revisionismo económico, el Jefe de Estado buscó resignificar el legado de Manuel Belgrano, asociando la creación de la Enseña Patria con la defensa irrestricta de las ideas de la libertad.
«Es para mí un honor poder estar al pie de este monumento, que tan importante es para nuestra historia. Recordamos hoy una de las grandes gestas de la nacionalidad argentina: la creación del símbolo que nos une, nos representa y nos identifica como pueblo», arrancó el Presidente en la apertura de su alocución.
EL ORIGEN DE UN SÍMBOLO DE DIFERENCIACIÓN

Milei repasó minuciosamente la cronología de febrero de 1812, cuando Belgrano llegó a las barrancas del Paraná para contener el avance realista y dotar de identidad a sus tropas frente a un enemigo común.
«Al comprender que era necesario diferenciar a los revolucionarios de quienes combatían contra la causa americana, escribió al gobierno el 13 de febrero de 1812 solicitando una Escarapela Nacional», recordó el primer mandatario, citando las palabras textuales del prócer: «Parece que ha llegado el caso de que Vuestra Excelencia se sirva declarar la Escarapela Nacional que debemos usar, para que no se equivoque con la de nuestros enemigos».
Para el Presidente, la decisión de izar la Enseña Patria el 27 de febrero de aquel año significó un quiebre definitivo que iba más allá del plano puramente castrense. «Había que animarse a pensar diferente, había que romper definitivamente con el viejo orden, había que buscar un símbolo que diferenciara a los ejércitos revolucionarios de los realistas», dijo.

