A sus 21 años, el correntino Lautaro Midón atraviesa un momento bisagra en su carrera. Consolidado en el puesto 232 del ranking ATP, el joven que dio sus primeros pasos en el Club San Martín ha dejado de ser una promesa para convertirse en una realidad del circuito profesional.
En una charla con eventos y marcas – radio Net repasó su camino desde Corrientes a ser sparring de los mejores del mundo en las Finals ATP de Turín (Italia), su evolución técnica y el desafío económico de sostenerse en la élite.
-Venís de una familia de abogados en Corrientes, un ambiente muy alejado de las raquetas. ¿Cómo nace esa conexión tan fuerte con el tenis?
-Sí, nada que ver con el tenis; mi abuelo y mi tía son conocidos en Corrientes por la abogacía. Pero siempre íbamos de vacaciones a Brasil y yo jugaba en la playa con las paletas de madera. Un tío chaqueño, que jugaba un poco, le dijo a mi viejo que me llevara a entrenar porque me veía un «swing» natural. Así arranqué a los 3 años y medio en el Club San Martín y nunca más solté la raqueta. A los 7 años ya decía en las notas que quería vivir de esto y ser profesional.

-El desarraigo suele ser el obstáculo más difícil para los deportistas del interior. ¿Cómo fue para vos tomar la decisión de dejar Corrientes y mudarte a Buenos Aires?
-Fue en plena pandemia. Yo ya sentía que tenía que dar ese paso para madurar y seguir creciendo, pero no se daba la oportunidad. Durante la cuarentena decidí que, por más que me costara irme de mi casa, era lo que quería para mi vida. Justo me contactaron unos sponsors de Buenos Aires y eso facilitó todo. Extraño mucho Corrientes, es mi casa y nada se le compara, pero para estar en las grandes ligas hoy tengo que estar radicado allá.
-Hablando de evolución, mencionaste que este año buscaste cambiar tu estilo de juego. ¿En qué consiste esa transformación?
-Mi estilo siempre fue más bien conservador, muy de «guerrero», de luchar cada punto y hacer jugar siempre al rival. Este año, con mi equipo, tratamos de buscar más el punto, de ser más agresivos y hacer daño cuando queda una pelota corta. A veces sale mejor, otras no tanto, pero el camino es ser un jugador más completo sin perder esa esencia de luchador.
-Tenes un equipo de trabajo muy sólido detrás, incluso con gente que trabajó con Leo Mayer. ¿Qué tan importante es ese soporte hoy?
-Fundamental. Entreno con Mauro Aprile y viajo mucho con Antonio Certe. En la parte física estoy con Mario Duré, que fue el preparador físico del «Yaca» Mayer toda la vida. También trabajo mucho la parte mental con mindfulness y visualizaciones, algo que me ayudó mucho a disfrutar más dentro de la cancha y no angustiarme tanto cuando los resultados no se dan. En este nivel, cada detalle cuenta.
-Una de las experiencias más increíbles que te tocó vivir fue ser sparring en las Finals ATP de Turín. ¿Cómo fue convivir con los mejores del mundo?
-Fue una locura. Estaba de vacaciones en Corrientes, en la pileta, y me llamó mi entrenador para decirme que la ATP me buscaba como sparring. A los pocos días ya estaba entrenando en Buenos Aires para irme a Italia. Pude entrenar con casi todos; me quedó pendiente Rafa Nadal, que es mi ídolo máximo. De él trato de copiar su personalidad y esa forma de jugar cada punto como si fuera el último.
-En el circuito Challenger la competitividad es total, pero también se ve mucha camaradería, especialmente entre sudamericanos. ¿Cómo se vive eso en el día a día?
-Hay muy buena onda. Por ahí salís a comer con alguien que te puede tocar en cuartos de final al día siguiente. En Temuco, por ejemplo, me tocó jugar contra mi mejor amigo, Manu (Sánchez), y el día anterior cenamos juntos y compartimos la entrada en calor. Obviamente, en la cancha cada uno quiere ganar, pero afuera compartimos asados o partidos de truco cuando volvemos al hotel.
-El tema económico es una barrera conocida en el tenis. ¿Lograste este año equilibrar los números o seguís en etapa de inversión?
-Con el ranking actual no haces plata; todo lo que ganas lo reinvertís en viajes y equipo. Recién cuando entras a los cuadros de Grand Slam empezás a hacer una diferencia real. Por suerte, este año gané la beca Galperín por ser el jugador Sub-21 con más puntos en torneos nacionales. Son unos 60.000 dólares que me permiten planificar el año 2026 con una tranquilidad enorme, sabiendo que tengo cubiertos al menos 7 u 8 meses de gastos. Es un problema menos en la cabeza.
-¿Qué significa para vos representar a la Argentina y qué sueños tenés a corto plazo?
-Representar al país es una sensación que no te da ninguna otra competencia; me tocó en sudamericanos y mundiales juveniles, y es lo más grande que hay. Si me das a elegir entre ganar un Grand Slam o la Copa Davis, te firmo ganar la Davis ya mismo. Para el 2026, el objetivo es seguir escalando para entrar en los Grand Slams y seguir profesionalizando cada aspecto de mi juego.
ANALOGÍA PARA ENTENDER SU MOMENTO
El camino de Lautaro Midón en el tenis profesional es como el proceso de un artesano que está aprendiendo a usar nuevas herramientas: aunque ya domina la técnica básica de la resistencia y el esfuerzo (su «esencia de guerrero»), ahora está incorporando golpes más audaces y potentes para esculpir una carrera que lo lleve a los escenarios más importantes del mundo. El apoyo económico y mental que ha conseguido recientemente funciona como el andamio necesario para que esa obra finalmente tome altura.

