Se realizó un encuentro de consagrados, quienes abordaron diversos temas relacionados con sus vocaciones y tareas en la Iglesia, con el objetivo de consolidar la sinodalidad como estilo de vida y misión.
La Diócesis de Goya realizó el pasado lunes 17 el Encuentro Diocesano de la Vida Consagrada, que tuvo lugar en el Colegio Mamá Margarita de la ciudad de Curuzú Cuatiá, con el acompañamiento del obispo, monseñor Adolfo Ramón Canecín.
El encuentro reunió a religiosas y consagradas, diáconos junto a sus esposas, sacerdotes y al Obispo, quienes compartieron un espacio de fraternidad, oración y reflexión sobre la realidad pastoral de la Diócesis.
La jornada permitió poner en común cómo viven actualmente sus respectivas vocaciones, así como los desafíos y las esperanzas que atraviesa la vida eclesial, informó el área de Prensa del Obispado de Goya.
La actividad fue acompañada e iluminada por la hermana Mariana del Carmen González, de las Hermanas Dominicas del Santísimo Nombre de Jesús, quien desarrolló el tema «Espiritualidad sinodal: bebiendo del propio pozo». Cabe indicar que «sinodalidad» significa «caminar juntos» o «marcha conjunta».
La religiosa destacó la importancia de fortalecer la espiritualidad para hacer realidad la sinodalidad, tomando como referencia el legado del primer obispo de Goya, monseñor Alberto Devoto, participante del Concilio Vaticano II.
Recordó el estilo de vida del primer Obispo, que fue cercano a los más pobres y su capacidad de «desinstalarse» de las comodidades para vivir el Evangelio, e invitó a «beber de la fuente» de la propia espiritualidad y de los carismas recibidos.
En un momento, los participantes se dividieron en grupos sinodales para trabajar a partir de tres preguntas orientadas a discernir los desafíos de la realidad diocesana.
Entre las situaciones abordadas estuvieron la salud mental, las adicciones, los suicidio s, la pérdida de valores en la familia y las dificultades en la educación de los hijos.
También reflexionaron sobre el modo de trabajar conjuntamente clérigos y laicos, especialmente quienes integran y animan los consejos pastorales, ocasión en la cual se destacó la necesidad de superar el clericalismo y comprender la autoridad como servicio, una situación a la que con insistencia se refería el Papa Francisco.
Se subrayó que la sinodalidad se sostiene en la dignidad bautismal de todos los miembros de la Iglesia, en la escucha, el discernimiento comunitario y la participación en la misión evangelizadora. En ese sentido, se propuso profundizar en un modo de discernimiento comunitario inspirado en la comunión de la Santísima Trinidad, para que las comunidades puedan caminar juntas, poniendo sus carismas y dones al servicio de la misión.
La jornada incluyó trabajo grupal, puesta en común, una misa en acción de gracias y un almuerzo comunitario, como expresión concreta de fraternidad y comunión.
Monseñor Canecín invitó a preguntarse «a qué cosas tenemos que renunciar como vida entregada a Cristo y a la Iglesia para poder vivir la sinodalidad desde la vida consagrada, religiosa, la vida diaconal y presbiteral», y señaló que la experiencia del encuentro busca ser un reflejo de aquello que, con lenguaje poético, expresó el padre Julián Zini: «Queremos ser esa Iglesia que Cristo soñó al fundar».

