Por Noelia Irene Barrios
EL LIBERTADOR
Las cifras por muertes viales son siempre un tema de agenda para la política y la seguridad vial. Cada año, las rutas de todo el país son escenario de hechos trágicos que se cobran miles de vidas. Pero hubo uno, ocurrido hace ya 33 años en el territorio correntino, que tiene hasta hoy el triste récord nacional de haber sido que más muertes provocó. Se lo recuerda como «La triple colisión de Santo Tomé», involucró a tres micros de larga distancia y el saldo fue de alrededor de 60 personas fallecidas y 80 heridas.
Todo ocurrió la noche del 9 de enero de 1993 sobre la Ruta Nacional Nº 14, a la altura del paraje Camba-í, casi a ocho kilómetros de la ciudad de Santo Tomé. Fue también uno de los tantos hechos trágicos por los que comenzó a llamar a ese corredor vial «La ruta de la muerte».
Las crónicas periodísticas de entonces informaron que fue alrededor de las 21 cuando dos micros argentinos que habían salido de Posadas (Misiones), con destino a Buenos Aires, se chocaron contra el de una empresa paraguaya que iba en dirección contraria con destino a Asunción.
CAUSAS
Los colectivos argentinos pertenecían a las firmas Lorecar y Horitur, mientras que el restante era de la empresa paraguaya Defensores del Chaco. Según los reportes, la tragedia se originó por la negligencia del chofer del primer micro.
Una crónica del número 3 del medio Microsemanario que data de enero del ’93 precisó: «Horitur marchaba delante de Lorecar, este último intentó sobrepasarlo y se colocó paralelo a él, en el carril de la mano contraria. Horitur habría advertido la maniobra y además habría visto que Defensores del Chaco marchaba en dirección contraria en el carril correspondiente, motivo por el que habría realizado luces a Lorecar para que no continuara. Cuando Lorecar percibió el peligro, iba muy rápido, ya era tarde el intento de regresar a su carril y embistió a Horitur a raíz de lo cual se partió por la mitad». «El micro paraguayo intentó una desesperada maniobra para salvarse de la colisión, pero no lo pudo evitar, quedó metros más adelante con las ruedas para arriba. Al mismo tiempo Lorecar entraba en combustión. Todo ocurrió en cuestión de segundos», completaba esa crónica.




FATÍDICO
El resultado fue un escenario dantesco: un micro con las ruedas hacia arriba, otro partido al medio y el restante, completamente incendiado. Los testigos consultados entonces por los corresponsales periodísticos mencionaban una escena de terror.
El estado «de mutilación» de las víctimas fue otra de las cuestiones con las que debieron lidiar los rescatistas, entre los que se encontraban los propios vecinos de Santo Tomé que se acercaron para intentar ayudar y socorrer a los sobrevivientes. Además, otra cuestión que se señaló en las crónicas de la tragedia, fue la precariedad de medios para contener el desastre.
En su libro «Los 90. La década que amamos odiar», el escritor e investigador Tomás Balmaceda relata: «El volumen de víctimas obligó a utilizar las cámaras de frío de un frigorífico del lugar para almacenar los cadáveres y se tuvo que abrir un hospital cuyas instalaciones estaban cerradas desde hacía meses por problemas presupuestarios».
El estado en que quedaron los vehículos y las víctimas y el hecho de que no se encontraron registros sobre la cantidad real de pasajeros que llevaban hizo que siempre quedara la duda sobre la cantidad total de víctimas de este lamentable hecho.
Hubo alrededor de 85 heridos y se estima que al menos 50 pasajeros que iban en el micro de Lorecar, fallecieron en el lugar. Solamente tres personas sobrevivieron en este vehículo. En los restantes colectivos el número de fallecidos varía entre cinco y siete cada una porque tampoco tenían datos certeros de sus pasajeros.
Una tragedia que pudo evitarse y que desnudó las graves irregularidades de las empresas de transporte. Los medios porteños denunciaron las firmas «truchas» que operaban en el país y remarcaron que ninguno de los tres micros involucrados en este hecho tenían documentaciones habilitantes.
Para las víctimas fue tarde. Y de los sobrevivientes, fueron pocos los que reclamaron justicia. Poco a poco todos fueron quedando en el olvido.
