En Corrientes hay muchas leyendas fuertemente arraigadas en la cultura popular. La del Lobisón o el Pombero, por ejemplo, son solo algunas de las más referenciadas. Sin embargo, en el folclore provincial están presente numerosas criaturas que alguna vez también supieron causar terror a grandes y chicos. Entre ellas se puede nombrar a unas figuras femeninas que hacían que en los campos la gente se encerrara dos noches a la semana. Eran las brujas y, según se contaba, eran tan malvadas que podían hacerle un daño irreversible a cualquiera que tuviera la mala suerte de cruzarse en su camino.
Fue el investigador del folclore y poeta correntino, Guillermo Perkins Hidalgo, quien mejor describió a estos personajes de la mitología provincial en su libro Leyendas y supersticiones del Iberá. Allí, el escritor nacido en Alvear, detallaba las características del imaginario guaraní y sobre las brujas, daba cuenta de los relatos que había recogido de los habitantes de poblaciones rurales.
«Así como el Lobisón, la bruja es la séptima hija mujer seguida y que no haya sido bautizada. Cuentan que también son los días martes y viernes los de su transformación en personaje maligno, ya que ella no cambia de forma humana», explicaba el investigador.
Según exponía, a diferencia de similares criaturas mitológicas de otras provincias, donde a veces se la presenta como una mujer buena, la bruja correntina era malvada y buscaba hacer daño.
«Pasa volando bajo, rozando con los techos de las casas, montada en una escoba, desnuda (pelada dice el pueblo) y haciendo oír su carcajada horrible, estridente y diabólica. Se va burlando de todos, pues su mirada atraviesa techos y paredes, sabiendo así lo que sucede en todas las casas».
En otro trabajo sobre estos seres, otro reconocido folclorólogo como fue Félix Coluccio, citó al correntino y agregó que en Corrientes, el mito de las brujas aun con sus particularidades, coincide con el relato generalizado de que eran personas que aprendieron las artes diabólicas para hacer maleficios.





PERSEGUIDAS
En la cultura popular correntina, también un animal es asociado con estas figuras mitológicas. Es la lechuza de campanario, cuya conductas nocturnas y canto estridente solía ser confundido con las risas burlonas de las brujas.
En su caso, el temor de las familias campesinas derivó en que estas aves fueran perseguidas porque su presencia se entendía como un mal augurio.
Buena o malas, con o sin poderes, las brujas tienen un lugar preponderante en el imaginario correntino y se debe revalorizarlas porque, como había señalado en una entrevista anterior para EL LIBERTADOR el entusiasta de la cultura y responsable del Centro de Imaginería Guaraní, Mauro Santamaría: «Cuantas más versiones haya de una historia, mucho mejor porque lo importante es que se hable, se difunda y no pierdan. Son parte de nuestra cultura y tradiciones».
